¿Existe un apego saludable?
Es una pregunta válida, porque en realidad todos manejamos el paquete emocional que traemos de casa. Lo que para uno es "A", para otro es "B", y ninguno es mejor o peor, solo diferente. Por eso, no tiene sentido obsesionarse con encontrar un apego perfecto, porque probablemente no exista. Lo que para ti sería ideal, puede ser incomprensible para otra persona. Lo más importante es encontrar a alguien con quien puedan crear un vínculo armonioso, como el yin y el yang. Aunque tu pareja sea tu opuesto, pueden complementarse perfectamente.
¡No puedo sin ti!
El apego es una parte hermosa de la experiencia humana. Sentir que perteneces a un lugar y que alguien te pertenece a ti es invaluable. Sin embargo, a veces traumas pasados pueden distorsionar estas formas de apego.
Por ejemplo, cuando en una relación una persona casi ahoga a su pareja con su amor, buscando una conexión simbiótica.
Este tipo de apego es más común en mujeres, aunque también puede darse en hombres.
Puede afectar negativamente relaciones de pareja, amistades y vínculos familiares. Quienes tienen apego ansioso no solo actúan así en pareja, sino en todas sus relaciones. No hay problema si al inicio, en la etapa de enamoramiento, las parejas pasan mucho tiempo juntas y se funden un poco. Pero vivir toda la vida pegado a alguien va más allá del amor.

Tal vez la otra persona no necesita tanta atención o prefiere más tiempo para sí misma, lo que el apego ansioso puede interpretar como un ataque. Los psicólogos dicen que no es casualidad que quienes buscan apego intenso elijan parejas con necesidades de apego más relajadas. Y esto funciona también al revés. Sorprendentemente, romper no es la única solución.
Lo esencial es que la persona con apego ansioso entienda por qué anhela una conexión simbiótica y por qué solo busca ese tipo de relaciones. Muchas veces, detrás está el miedo al abandono, que requiere explorar a fondo la infancia.
¡Yo me voy!
Hablemos ahora de quienes huyen cuando sienten que una relación se vuelve demasiado pesada. Puede ser porque la relación se vuelve seria o por el apego intenso del otro. Según los patrones de apego, son los evitativos, que temen la intimidad. Esto también puede tener varias causas, pero las respuestas suelen encontrarse en la infancia.
Quizá crecieron en familias con control excesivo, con padres que vigilaban cada paso.
De adultos, una persona con apego ansioso puede activar esos botones infantiles que hacen sonar la alarma en el evitativo: alguien más quiere controlarlo, solo que con otros métodos.
Podrías pensar que este apego es más común en hombres, pero muchas mujeres también luchan para dejar entrar a alguien. El miedo a la vulnerabilidad puede hacer que huyan antes de mostrar sus imperfecciones. Esto también indica problemas serios con la intimidad.
Una solución para ambos…
Si intentan entenderse y construir un apego saludable que funcione para ambos, pueden ser más felices juntos. Este reto puede acercar mucho a las personas y, al reflejarse mutuamente, aprender de sus carencias. La persona con apego ansioso debe respetar los límites del otro al mostrar amor, y la evitativa debe enfrentar sus problemas en lugar de huir una y otra vez.











