El mundo de las relaciones de pareja siempre ha sido un tema complejo y fascinante. Dos personas crean un vínculo cercano e íntimo, sostenido por emociones, experiencias compartidas y a menudo cercanía física. Pero hay un factor del que hablamos menos y que puede influir mucho en la vida de una relación: la tercera persona. No hace falta que esté presente realmente, basta con que ocupe un lugar en nuestra mente.
En el límite entre la fantasía y la realidad
A todos nos pasa que nuestra mirada se detiene en alguien, o imaginamos cómo sería la compañía de otra persona. Puede ser un amigo, un compañero de trabajo o incluso un desconocido que, por alguna razón, nos impacta. Aunque al principio parezca inocente, la fantasía puede ganar más peso del que pensamos.
Según la terapeuta de pareja Esther Perel, “el deseo no siempre se trata de querer a otra persona, sino de reconectar con uno mismo”. Muchas veces, no es la tercera persona lo importante, sino el sentimiento que despierta en nosotros. Sin embargo, si damos demasiada atención a estos pensamientos, pueden poner en duda los cimientos de la relación.
¿Por qué nos atrae el otro?
La psicología explica que es natural sentir atracción por lo nuevo. Las investigaciones de la antropóloga Helen Fisher muestran que el sistema de recompensa del cerebro responde con fuerza a estímulos nuevos y emocionantes, ya sea una experiencia, un hobby o una persona.
A menudo ni siquiera somos conscientes, pero anhelamos reconocimiento, aventura o descubrir esa parte de nosotros que queda oculta en la rutina.
Una tercera persona —aunque solo sea en la mente— puede ayudarnos a vivir esa emoción. El problema surge cuando esa experiencia empieza a reemplazar los sentimientos que tenemos en nuestra relación actual.
¿Cómo afecta al día a día?
Puede que solo fantaseemos un instante con alguien más, pero a veces esa idea permanece más tiempo. Y aunque por fuera no se note, nuestro estado de ánimo, la relación con nuestra pareja e incluso la intimidad cambian.
Un estudio de 2018 (Journal of Sex & Marital Therapy) señala que las fantasías sobre una tercera persona pueden tener efectos positivos: algunas personas se sienten motivadas a valorar más a su pareja y a renovar la energía en la relación. Pero en otros casos sucede lo contrario: la atención se desvía y se crea distancia emocional.
¿Qué se puede hacer?
El primer paso es reconocer y aceptar nuestros propios sentimientos. No hay que sentir culpa por interesarse en otra persona, es algo natural. La clave está en cómo manejamos esos sentimientos.
Si somos abiertos con nuestra pareja y hablamos sinceramente de nuestros deseos, podemos evitar muchos malentendidos.
También es fundamental buscar nuevos estímulos dentro de la relación. Actividades juntos, metas compartidas o pequeñas sorpresas espontáneas pueden darle vida a la rutina. Cambiar y crecer juntos fortalece más la relación que cualquier influencia externa.
El papel del trabajo interior
No podemos evitar soñar con otros de vez en cuando, es parte de la naturaleza humana. La clave está en cómo nos relacionamos con esos pensamientos. La autorreflexión, el autoconocimiento y la autoestima nos ayudan a entender mejor qué es lo que realmente deseamos.
Como dice el investigador de relaciones John Gottman: “el secreto de las relaciones estables no es la ausencia de tentaciones, sino que las personas elijan conscientemente volcarse el uno al otro, no hacia afuera.”
Si logramos eso, la sombra de la tercera persona no destruirá, sino que puede fortalecer nuestra relación.











