Acumulan mucha suciedad
Piénsalo: cada vez que cocinamos o comemos, levantamos el salero, y en muchas cocinas el pimentero también se usa con frecuencia. Durante la preparación y el consumo de alimentos, es fácil que se les adhiera grasa y otras impurezas, y aunque estén en la estantería, pueden acumular polvo y suciedad. Por eso, limpiarlos con regularidad es fundamental.
Better Homes & Gardens consultó a un experto, Jack Kazmierzewski, quien explicó que, al igual que en las cocinas de restaurantes es crucial mantener limpios los saleros y pimenteros para garantizar la higiene y evitar problemas en inspecciones sanitarias, en casa también es vital limpiarlos regularmente para evitar que bacterias no deseadas contaminen nuestros alimentos.
Cuándo es momento de limpiarlos
Primero, es importante aclarar que tanto el exterior como el interior de los saleros y pimenteros deben limpiarse con regularidad, aunque la frecuencia depende de cuánto y dónde los uses. Si están cerca de la estufa y se usan a diario, Kazmierzewski recomienda limpiar el exterior semanalmente; si no, con hacerlo cada pocas semanas es suficiente.
En cuanto al interior, la buena noticia es que, incluso con uso frecuente, basta con limpiarlos cada pocos meses o cada vez que los rellenes.
Si los guardas cerca de la estufa o en un lugar húmedo, conviene limpiarlos cada 1-2 meses, porque la humedad atrapada puede causar grumos y moho.
Atento a las señales
Hay señales claras que indican que es hora de limpiar los saleros y pimenteros. Por ejemplo, si la sal o la pimienta fluye lentamente o se detiene por completo.
Para evitar que la sal se apelmace, después de limpiarla es útil poner unos granos de arroz en el fondo del salero. El arroz absorbe la humedad más rápido que la sal, manteniéndola seca.
También es señal de alerta si notas polvo o suciedad en la tapa, o si al tocar el salero o pimentero la superficie está pegajosa o grasosa. En esos casos, límpialos bien. Y si la sal o la pimienta se ven grumosas o cambiaron de color, probablemente estén húmedas. Entonces, retira el condimento, limpia y seca bien el recipiente antes de volver a llenarlo.
Cuida una limpieza profunda
Para limpiar el exterior, una forma sencilla es pasar un paño limpio y húmedo, evitando que entre humedad al interior, y luego secar inmediatamente. Si hay grasa o suciedad acumulada, usa una mezcla de partes iguales de vinagre blanco y agua, cuidando lo mismo.
Para el interior, si son aptos para lavavajillas, solo colócalos ahí y, una vez secos, rellénalos. Si no, desmóntalos y déjalos en remojo en agua jabonosa, enjuágalos bien después de unos minutos, sécalos y vuelve a llenarlos.











