A primera vista puede parecer un cuento moderno o la nueva realidad financiera, pero es un hecho: cada vez más inversores, emprendedores y asesores financieros recurren al tarot, la astrología y la intuición para tomar decisiones económicas. A este fenómeno ya le pusieron nombre: son las “brujas de Wall Street”.
Dinero y magia
Este movimiento no viene de actores marginales. En redes sociales, la influencer conocida como HeyJune Jeon trabajó antes como analista de hedge funds y luego cambió radicalmente su carrera. Ahora ayuda a emprendedores e inversores con tarot, astrología y asesoría intuitiva. Entre sus clientes hay tanto particulares como grandes empresarios que solicitan “lecturas” para decisiones millonarias.
Su historia no es única. La conexión entre dinero y espiritualidad crece, especialmente entre generaciones jóvenes.
Una encuesta revela que gran parte de la Generación Z y los millennials creen que una “guía cósmica” puede ayudarles en decisiones de carrera y finanzas.
En TikTok y otras plataformas, los contenidos que vinculan la inversión con tarot, ciclos astrológicos o “energías” alcanzan millones de vistas.

Emoción y razón
¿Qué significa esto en la práctica? No se trata de decidir inversiones solo por una carta. La mayoría de estas “brujas financieras” combinan conocimientos tradicionales con herramientas espirituales. Jessie-Susannah Karnatz, por ejemplo, mezcla su experiencia en contabilidad y asesoría financiera con métodos intuitivos, explorando también las emociones que sus clientes vinculan al dinero.
Esta aproximación toca un punto clave: las decisiones financieras rara vez son solo racionales. Aunque sepamos cómo manejar el dinero, patrones emocionales profundos, a menudo desde la infancia, influyen en nuestro comportamiento. Para estas “brujas”, el tarot o la astrología no dan respuestas concretas, sino que reflejan nuestra realidad.
¿Una puerta para las mujeres?
No es casualidad que este fenómeno sea más fuerte en comunidades femeninas y no binarias. Para muchos, el mundo financiero tradicional es cerrado, jerárquico y poco accesible. La espiritualidad ofrece un enfoque más personal, intuitivo y que da espacio a las emociones.
Claro que también hay críticas sobre mezclar espiritualidad e inversión.
Expertos financieros advierten que la intuición no puede reemplazar una planificación financiera sólida.

Presupuesto, gestión de riesgos y diversificación siguen siendo claves para invertir con conciencia. Las herramientas espirituales son solo un complemento, no la base para decidir.
Este fenómeno crece porque en tiempos inciertos muchos buscan un ancla. Cuando las vías clásicas —estudio, carrera, estabilidad— ya no garantizan un futuro previsible, todo lo que da sentido cobra valor. Y la espiritualidad ofrece justo eso: un marco para entender un mundo caótico.
Las “brujas de Wall Street” muestran que muchos inversores tradicionales ya confiaban en sus “corazonadas”. Reconocen que la relación con el dinero no es solo números, sino emociones, historias y patrones internos.
La pregunta queda: ¿es esto una moda pasajera o el inicio de una transformación profunda en la forma de pensar las finanzas? La respuesta está en el futuro —y quizás en las cartas.











