Aclaremos desde el principio: no hablo de casos extremos como escapar de una relación abusiva, aunque tampoco creo que causar daño intencional o buscar venganza ayude a nadie a avanzar.
Sin embargo, veo muchas parejas en mi círculo de amigos y conocidos que simplemente se distancian, se dan cuenta de que quieren cosas diferentes en la vida o que uno de los dos se enamora de otra persona.
Incluso un divorcio de mutuo acuerdo es una situación emocionalmente agotadora, y más aún si hay heridas legítimas, como una infidelidad o traición.
No digo que no haya espacio para desahogarse con amigos, pero sinceramente no entiendo a quienes, meses o años después del divorcio, siguen atrapados en su dolor y esperan que su entorno mantenga el mismo nivel de odio hacia su ex. La misma persona a la que amaron tanto que prometieron estar a su lado pase lo que pase.
Puede que esta opinión no sea popular, pero me cuesta conectar con quienes hablan mal de su ex a los cuatro vientos, exhiben sus problemas y esperan que otros participen en ese drama.
Entiendo que en algunos casos mantener una relación amistosa con un ex no sea posible, pero ¿no deberíamos esforzarnos por salir de la relación con la cabeza en alto, dignidad y respeto?
Especialmente cuando hay niños de por medio.

Si es un divorcio “simple”, entiendo que durante el proceso no todos puedan mostrar su mejor versión. Pero cuando dejamos ir al padre o madre de nuestro hijo, creo que debemos ser capaces de superar nuestro dolor.
Creo en la honestidad, en comunicar a los niños según su edad y madurez los cambios en la relación, y también creo que, por muy profundas que sean nuestras heridas, debemos evitar decir cosas sobre el padre o la madre que les duelan.
No importa cuánto nos hayan lastimado, quién empezó o cómo se comporta el otro. No hay excusa para que, si los padres se separan, no pongan el bienestar de sus hijos por encima de su orgullo y hagan todo lo posible para que sufran lo menos posible. Porque la felicidad de nuestros hijos debería ser siempre más importante que demostrar quién tiene la razón.
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