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¿Por qué nos atrae el “príncipe aburrido” en las historias románticas?

Nyul Debóra4 min de lectura
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¿Por qué nos atrae el “príncipe aburrido” en las historias románticas? — Estilo de vida
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Imagen principal: IMDb

En las historias románticas casi siempre sabemos quién ganará. El hombre apasionado y misterioso, con un pasado lleno de heridas, que “cambia” junto a la protagonista. Sin embargo, sorprendentemente muchos espectadores y lectores se encuentran apoyando al otro: al hombre demasiado amable, predecible, demasiado… normal. Al “príncipe aburrido”.

¿Pero por qué sentimos esto? ¿Y qué puede decirnos sobre nosotros?

El choque entre el ideal romántico y el deseo de seguridad

Las narrativas románticas clásicas —desde las novelas de Jane Austen hasta las series modernas— exaltan el amor apasionado. Sugieren que la “verdadera” relación comienza con emociones intensas, supera obstáculos y finalmente triunfa.

La psicología, sin embargo, ofrece una visión más matizada.

Las investigaciones muestran que a largo plazo no es la intensidad de la pasión, sino la seguridad emocional, la confianza y el respeto mutuo lo que predice la durabilidad de una relación.

Esta tensión aparece cuando en la historia surge el “otro hombre”: quien no promete drama, sino tranquilidad.

¿Quién es realmente el “príncipe aburrido”?

Estos personajes suelen ser:

  • predecibles,
  • emocionalmente accesibles,
  • constantemente amables,
  • respetuosos con la protagonista,
  • no intentan cambiar a nadie.

Según la lógica de la historia, ellos son “no lo suficientemente emocionantes”. Pero en la vida real, suelen ser quienes se levantan de madrugada para atender al niño, preguntan cómo fue nuestro día y no desaparecen emocionalmente tras un conflicto.

Cuando un espectador o lector los apoya, no suele ser falta de romanticismo, sino experiencia de vida.

Pasión versus amor compañero

La psicología distingue hace tiempo entre el amor intenso y apasionado y el amor basado en el compromiso a largo plazo. Robert Sternberg, psicólogo estadounidense y creador de la teoría triangular del amor, señala que en las relaciones duraderas la intimidad y el compromiso son tan importantes como la pasión inicial.

Helen Fisher, antropóloga e investigadora estadounidense, explica que la atracción romántica suele ir acompañada de la emoción y la incertidumbre vinculadas a la dopamina, mientras que el apego a largo plazo está marcado por la oxitocina, la sensación de seguridad y estabilidad.

Al inicio de las historias románticas domina casi siempre la pasión. Pero a medida que avanzamos en la vida —especialmente cuando conocemos las relaciones más allá de las historias— cada vez más personas valoran el segundo tipo de amor. De ahí surge ese pensamiento a veces un poco vergonzoso: “¿Y si eligiera a él?”

Decisiones femeninas, presión social y juicio

Las narrativas románticas históricas suelen enfatizar que para una mujer una mala decisión puede ser fatal —en términos sociales. Aunque hoy la presión se manifiesta de otra forma, sigue existiendo:

Las decisiones de las mujeres todavía son juzgadas con más dureza por su entorno.

Por eso, elegir al hombre “seguro” muchas veces no es cobardía, sino autoprotección racional. La ansiedad del espectador —cuando la protagonista elige el escándalo, el riesgo, lo desconocido— suele reflejar esto.

¿Por qué nos burlamos del hombre amable?

Es curioso que la cultura pop a menudo retrata irónicamente a los hombres emocionalmente sanos. Como si la amabilidad no fuera lo suficientemente masculina ni “romántica”.

Pero cuando un personaje así acepta el rechazo con dignidad, sin volverse amargado ni culpar, y desea lo mejor, suele ser uno de los momentos más maduros y románticos de la historia. Solo que no de la forma habitual.

¿Qué revela sobre nosotros apoyarlo a él?

Si apoyamos al “príncipe aburrido”, suele indicar que:

  • entendemos qué es el compromiso a largo plazo,
  • ya sabemos que la pasión por sí sola no sostiene,
  • valoramos la seguridad emocional,
  • queremos ver no solo el final de la historia, sino también lo que viene después.

No es necesariamente cinismo romántico. Más bien, es reconocer que la felicidad muchas veces es silenciosa.

El encuentro raro entre cuento y realidad

En la mayoría de las historias, la elección de la protagonista es arriesgada —y en la vida real no siempre terminaría bien. Pero el cuento suele ser indulgente: el hombre apasionado termina siendo un compañero real, el gran amor no se apaga sino que se transforma.

Pero no siempre es así. Quizá por eso el “príncipe aburrido” permanece con nosotros: nos recuerda que la felicidad no solo puede ser emocionante, sino también tranquila, estable y duradera. Y a veces —tras cierta edad o experiencia— eso se vuelve realmente atractivo.

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