1. Inspirando confianza
Jamás supe que tenía una "resting bitch face", es decir, una expresión naturalmente seria o distante, hasta que mis compañeros de grupo me lo señalaron. Una vez comenté tímidamente que me encantaría unirme cuando salieran después de clase, y todos reaccionaron sorprendidos, diciendo que nunca se atrevieron a invitarme porque siempre parecía que los miraba con desprecio.
Le pregunté a mi mejor amiga y me dijo que, como nos conocemos desde niñas, no le había llamado la atención, pero todos sus amigos que me conocieron lo mencionaron. Desde entonces intento mostrar una expresión más amable.
2. Terapia
Hace cuatro años, en terapia, mi terapeuta me llevó suavemente a la conclusión de que soy narcisista. Me sorprendió, pero al reflexionar tuve que aceptar que tengo varios rasgos narcisistas. Cuando se lo conté a mis amigos, solo pusieron los ojos en blanco y dijeron que por fin lo reconocía.
3. La voz
No sé cantar. Toda mi vida me encantó cantar y salir a karaoke, donde sentía que era una estrella. Pero después de una fiesta, un amigo me preguntó si le enviaba el video de mi "actuación".
Dije que sí, emocionada, y él respondió con un "¿segura...?" y un emoji de risa. No entendí hasta que vi el video. Era terrible, ¡no tengo voz! Mi canto solo serviría como arma para dispersar multitudes y nadie me lo había dicho.
4. Terminar frases
Mi novio llegó borracho de una despedida de soltero y me dijo con cariño cuánto me quiere, aunque “siempre termino las frases de los demás, lo cual es muy molesto.” Me sentí fatal porque nunca lo había pensado, pero sabía que tenía razón.
5. Tamaño
Tengo una cabeza grande. No lo supe hasta que fui a hacer rafting con mis amigas y tuve que buscar un casco extra grande porque todos los demás eran pequeños. Desde entonces, me falta confianza y solo pienso en mi cabeza grande, así que no me gusta esta información.

6. Con manos y pies
Alguien me preguntó si era de origen italiano. Me sorprendió porque no lo soy, y pregunté por qué lo pensaba. Me dijo que porque hablo con las manos.
No lo había notado antes, pero luego sí, gesticulo con entusiasmo. Desde entonces trato de controlar un poco y a veces, mientras hablo, levanto la mano a medias, me doy cuenta y la bajo.
7. Hombre primitivo
Mi ex me dijo que mi frente parecía la de un hombre primitivo y es verdad: nunca entendí por qué no podía arreglar bien mis cejas, y ahora veo que es porque mi hueso supraorbital sobresale a lo largo de toda la frente. Me habría gustado no saberlo, porque no hay mucho que hacer y ahora puedo pensar en mí como un hombre primitivo toda la vida.
8. Compartir
Mis amigas me sentaron una vez y me explicaron que no necesito compartir mis cosas más íntimas con personas que acabo de conocer. Sabía que soy directa, pero me hicieron notar que no debo contarle a la señora que está en la fila conmigo en la tienda que rompí con mi novio ayer porque el sexo no era bueno.
9. Concentración
Mis padres me contaron, ya en mis veinte, que cuando me concentro saco la lengua hacia la izquierda. Al principio no les creí, pero luego mi madre me mostró muchas fotos de mi infancia y adolescencia que lo confirmaban. Mi hijo de cuatro años también lo hace.
10. Diversión
Mi esposo me hizo darme cuenta de que no hago nada por diversión. Cuando tengo un rato libre, empiezo a preparar el día siguiente, limpiar, ordenar o hacer bricolaje en casa, pero nunca hago algo solo para recrearme. Debería buscar ayuda profesional…











