¿Se puede medir la determinación al tomar decisiones?
Los psicólogos usan varias herramientas para evaluar la indecisión y cómo tomamos decisiones. Una de las más comunes es la Escala de Indecisión de Frost, que pide a los participantes calificar afirmaciones del 1 (total desacuerdo) al 5 (total acuerdo). Algunas frases son:
- Intento posponer las decisiones
- Me cuesta planificar mi tiempo libre
- Me preocupo por elegir mal
- Parece que tardo mucho en decidir incluso en cosas pequeñas
Con esta escala, los expertos han demostrado que la indecisión suele ser resultado del perfeccionismo. Los perfeccionistas temen el arrepentimiento o la vergüenza de equivocarse, así que retrasan las decisiones hasta sentirse seguros. (Y a veces nunca alcanzan esa confianza).
Esta frustración puede bloquear la felicidad; según un estudio del profesor de psicología Eric Rassin de la Universidad Erasmus en Holanda, a mayor puntuación en esta escala, menor satisfacción con la vida. Estas personas rara vez están de acuerdo con frases como “Mis condiciones de vida son excelentes” o “Si pudiera vivir mi vida de nuevo, casi no cambiaría nada”.

Otra forma de estudiar la toma de decisiones
Estos resultados pintan la indecisión como algo negativo, pero investigaciones recientes sugieren que tiene ventajas: protege contra ciertos sesgos cognitivos. Lo demuestra un estudio reciente de Jana-Maria Hohnsbehn, investigadora doctoral, y Iris Schneider, profesora de psicología social en la TU Dresden (Universidad Técnica de Dresden).
En lugar de la Escala de Indecisión de Frost, Hohnsbehn y Schneider usaron una medida llamada “rasgo de ambivalencia”, que examina los pensamientos y sentimientos que subyacen a cómo juzgamos y decidimos (o no decidimos). Por ejemplo, piden a la gente valorar frases como:
- Mis pensamientos suelen ser contradictorios
- A menudo siento que no puedo elegir entre dos lados de un problema
- A veces, al pensar en un tema, siento como si cambiara físicamente de un lado a otro
“Si estas afirmaciones te resuenan, probablemente tengas un alto rasgo de ambivalencia”
Como era de esperar, quienes tienen un alto rasgo de ambivalencia tardan más en tomar decisiones. Pero Hohnsbehn y Schneider descubrieron que también son menos propensos a caer en sesgos cuando finalmente deciden.
Por ejemplo, en un experimento pidieron a los participantes leer escenarios como este:
Conoces a alguien y quieres saber si es introvertido o extrovertido. Crees que es extrovertido. ¿Cuál de estas dos preguntas le harías?
- ¿Te gusta pasar tiempo solo en casa?
- ¿Te gusta ir a fiestas?
Muchos eligen la segunda pregunta, pero eso es un sesgo de confirmación: buscan solo información que confirme su suposición, no evidencia que la contradiga. Hohnsbehn y su equipo encontraron que quienes tienen un alto rasgo de ambivalencia son menos propensos a hacer la segunda pregunta. En cambio, prefieren asegurarse de tener toda la información necesaria para decidir correctamente, sin dejarse llevar por suposiciones.











