La analogía del zapato
Permitan que use una comparación cercana a las mujeres. Piensa en tus zapatos: cada mujer tiene varios pares. Tienes unas pantuflas en casa que amas y usas desde hace años, parte de tu día a día. Llegas cansada y es un placer meter los pies en ellas porque son suaves, cálidas y cómodas. Pero también tienes unos tacones elegantes que sacas en ocasiones especiales. Sientes una emoción agradable al tomarlos porque sabes que serán parte de una noche divertida. No los usas todos los días, pero cuando los llevas, te sientes mejor. Las pantuflas cómodas son la esposa, los tacones elegantes la amante.
Diferente
Amo a mi esposa, pero no la quiero tanto. Hemos discutido tanto, nos hemos dicho cosas feas, que hay muchas heridas entre nosotros. Aun así la quiero porque es una gran madre para nuestros hijos y es quien mantiene unida a la familia, por eso le estaré siempre agradecido. Con mi amante no peleamos por cosas como cuánto gastar en una lavadora nueva o dónde estudiará el niño, nuestra relación se trata solo de disfrutar el momento juntos. También la quiero, pero de otra manera.

Comunicación
Está claro que quiero más a mi amante, sin duda. Si quisiera a mi esposa, no la engañaría. La verdad es que ya no hablamos, solo coexistimos por los niños. Lo poco que decimos es solo para manejar la familia, a mí ya no me interesa nada de ella y a ella tampoco le importa lo que pase conmigo. Todos mis deseos, sueños y pensamientos los comparto con mi amante. Ella siempre me escucha y yo quiero saberlo todo de ella.
Cielo y tierra
Por supuesto quiero más a mi esposa, ella es mi compañera, mi ancla. Con mi amante la relación es solo sexual, nos damos un placer físico que no recibimos de nuestra pareja, pero nada más. Todas mis alegrías y tristezas las comparto con mi esposa, con ella hago planes. Con mi amante casi no hablamos, nuestra conversación suele ser sobre la logística del próximo encuentro.
El trasfondo
Mi esposa es el respaldo que me ayuda a criar a los niños para que yo pueda concentrarme en mi carrera. Ya no nos amamos, pero ambos estamos conformes con este arreglo. Yo gano el dinero, ella maneja la casa y cuida a los niños. Esa es su vida, ella es feliz así y eso me alegra. Pero siento ternura y estoy enamorado de mi amante.

Roles
Mi esposa me dijo hace años que está en la menopausia y ni siquiera piensa en el sexo, que la deje en paz. Lo acepté y claro que no la dejé, porque tenemos un pasado juntos, construimos nuestra vida y no quiero empezar de cero a los 45 años. (Ella tampoco.) Mi amante trajo nuevos impulsos a mi vida, nunca pensé que podría volver a amar así a alguien.
Mi esposa es como un mueble querido y familiar en mi casa. Dormimos en la misma cama, no me molesta que esté a mi lado, pero cada uno está en su teléfono y hay una distancia enorme entre nosotros. Mi amante es pura pasión, un santuario al que huyo del aburrimiento cotidiano. Si tuviera que elegir a quién quiero más, estaría en un dilema, pero me inclinaría por mi amante.











