Hay una escena que se repite cada septiembre: el móvil vibra con un aviso de tormentas fuertes y posible granizo, la conversación se llena de fotos del cielo naranja y, mientras tanto, en el balcón siguen las macetas al borde de la barandilla, la mesa plegable abierta y el tomate cargado de frutos a punto de recibir el golpe. La casa la protegemos por instinto: cerramos ventanas, recogemos el tendedero. El balcón, en cambio, se queda para el final. Y es justo ahí donde una media hora bien usada marca la diferencia entre una terraza mojada y una terraza destrozada.
Lo primero que rompe una tormenta fuerte
El granizo no daña por igual a todas las plantas. Las primeras víctimas son siempre las hojas grandes y tiernas: albahaca, calabacín, acelga, hosta, potos que hayan salido a veranear. Después vienen los frutos ya formados, que se marcan con golpes que luego se abren y se podrieren en dos días. Y en tercer lugar, los tiestos: las macetas de barro finas se rajan con el impacto, y las de plástico ligero simplemente vuelan con la racha de viento que casi siempre precede a la tormenta.
El otro daño, menos vistoso pero igual de serio, es el del agua. Una maceta con el agujero de drenaje tapado por raíces o por un plato lleno se convierte en un cubo. Media hora de lluvia intensa basta para dejar el cepellón encharcado, y las raíces asfixiadas no se recuperan tan rápido como una hoja rota. Si tienes plantas en platos, esa es la primera cosa que hay que vaciar.
La media hora antes: mover, agrupar, atar
El orden que funciona es este. Primero, todo lo que pueda salir volando: cojines, velas, ceniceros, herramientas, la bolsa de sustrato abierta, las macetas colgadas de la barandilla por fuera. Dentro de casa o en el suelo, pegado a la pared. Segundo, agrupa las macetas medianas y pequeñas en el rincón más protegido, normalmente el que queda bajo el alero o junto a la pared de la vivienda, y ponlas juntas: se protegen unas a otras y cuesta más que se caigan. Tercero, ata lo alto. Un tomate en tutor, un rosal o un limonero en maceta se parten por el tallo con el viento; una vuelta de rafia o de cinta ancha al tutor y a la barandilla evita la mayoría de esos accidentes.
Para cubrir, lo más práctico no es el plástico sino algo rígido que absorba el impacto. Las cajas de fruta de plástico puestas del revés sobre las macetas pequeñas funcionan muy bien: dejan pasar el agua, frenan el granizo y no hacen efecto invernadero. Para las plantas altas, una malla de sombreo o una tela vieja sujeta por encima, nunca apoyada sobre las hojas. Y la mesa de la terraza, si es sólida, es el mejor techo improvisado que tienes: debajo caben muchas macetas.
Después de la tormenta: qué hacer y qué no
Cuando pase, resiste la tentación de arreglarlo todo esa misma tarde. Lo urgente es el agua: vacía platos, comprueba que los desagües del balcón no estén tapados por hojas y tierra, y levanta las macetas que se hayan quedado en un charco. Después, poda solo lo que esté claramente roto o colgando, con un corte limpio. Las hojas agujereadas siguen haciendo fotosíntesis y ayudan a la planta a recuperarse; cortarlas todas la deja aún más débil.
Lo que no conviene es abonar de inmediato. Una planta golpeada necesita reponerse, no crecer a la fuerza. Espera una semana o diez días, y vigila las heridas: la humedad más el calor de septiembre es el escenario favorito de los hongos, así que ventilación y separación entre macetas ayudan más que cualquier producto. Los frutos golpeados, mejor recogerlos aunque estén verdes, antes de que se abran.
¿Merece la pena cubrir las macetas con plástico?
Como protección de última hora contra el granizo, sí, siempre que quede tenso y por encima de la planta, no pegado a las hojas. El problema es dejarlo puesto: con el sol de después, el plástico cerrado cocina las hojas y crea una humedad que favorece hongos. Retíralo en cuanto pare y deja que el aire circule. Si vives en una zona donde esto se repite cada otoño, una malla antigranizo ligera te resolverá muchas tardes.
¿Y si el granizo ya ha destrozado las hojas de mis tomateras?
No lo des por perdido. Retira solo las hojas y ramas rotas, recoge los frutos dañados y deja que la planta rebrote: si el tallo principal está entero, en dos semanas suele haber hojas nuevas y todavía queda temporada para cuajar algo más. Si el tallo se ha partido por debajo del primer ramillete, es más rentable dedicar la maceta a un cultivo rápido de otoño, como rúcula, espinaca o rabanitos, que insistir con una planta descabezada.










