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Cuatro restos de cocina que tus plantas de balcón agradecen (y dos que nunca deberías echarles)

Borka Zapatero4 min de lectura
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Cuatro restos de cocina que tus plantas de balcón agradecen (y dos que nunca deberías echarles) — Jardín y terraza
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Mi balcón vive en un permanente estado de casi. Casi tengo controlado el riego, casi entiendo por qué la albahaca se pone triste en agosto y casi consigo que las macetas de la barandilla no dependan de mi memoria. Lo que sí he ordenado con los años es lo que baja del fregadero a las macetas, porque durante un tiempo creí que todo lo natural era bueno para la tierra y aprendí, a base de mosquitos y de tierra agria, que no funciona así.

Los cuatro que sí valen la pena

El agua de cocer verduras, siempre sin sal y ya fría. Cuando hiervo judías, patatas o brócoli, ese agua se lleva parte de los minerales de la verdura. Guardo el cazo hasta que está a temperatura ambiente y riego con ella. La condición es firme: si le eché sal, va al desagüe, porque la sal se acumula en la tierra de las macetas y ahí no hay lluvia que la lave.

Las cáscaras de huevo, pero trituradas de verdad. Enteras o en trozos grandes tardan una eternidad en aportar algo. Yo las dejo secar en la ventana, las paso por el mortero o el molinillo hasta convertirlas en polvo y las mezclo con los dos centímetros superiores del sustrato, sobre todo en los tomates cherry y los pimientos de la barandilla. Otra utilidad menos comentada: espolvoreadas alrededor del tallo, ese polvo con aristas incomoda a los caracoles pequeños que suben con la humedad de la noche.

Los posos de té y las bolsitas usadas, con una condición: quitar la grapa y, si la bolsita no es de papel, abrirla y usar solo el contenido. Aportan materia orgánica ligera y ayudan a que la tierra compacta del final del verano vuelva a absorber el agua en vez de dejarla resbalar por los bordes. Un puñado pequeño mezclado en superficie, no una capa.

Las pieles de plátano, en agua y no enterradas. Enterrar la piel entera es la receta más repetida y la que más problemas me ha dado: se descompone despacio, huele y atrae mosca del vinagre en un balcón cerrado. Lo que sí funciona es dejar dos pieles troceadas en una jarra con agua dos o tres días en la sombra, colar y regar con ese líquido las plantas con flor, como los geranios o las petunias.

Los dos que hacen más daño que bien

Cualquier resto con grasa o aceite. El agua de fregar, los restos de la sartén, el aceite del atún, la salsa que quedó en el plato. La grasa impermeabiliza las partículas del sustrato, impide que el agua llegue a las raíces y crea una capa que fermenta y huele. En una maceta pequeña, donde no hay volumen de tierra ni vida microbiana suficiente, el efecto se nota en pocos días.

Los lácteos y los restos de comida cocinada. La leche que sobró del vaso, un poco de yogur, arroz con salsa. Suenan inofensivos, pero en un tiesto se convierten en moho blanco, mosquitos y un olor imposible de arreglar sin cambiar el sustrato. Las sobras cocinadas necesitan un compostaje real, con volumen, aireación y tiempo; el balcón no es ese sitio.

La forma correcta de aplicarlos

Tres reglas me han evitado casi todos los problemas. Uno: nada en montón, todo mezclado en los primeros centímetros o diluido en agua. Dos: poca cantidad y con espacio entre aportes; una vez cada dos o tres semanas es suficiente, y en pleno pico de calor mejor solo agua. Tres: si en dos días aparece moho o mosquitos, retira lo que echaste, remueve la superficie y deja secar más entre riegos.

¿Puedo echar los restos directamente sobre la tierra de la maceta?

Directamente y sin más suele salir mal, porque en un tiesto no hay lombrices ni el volumen de tierra que hay en un jardín para procesarlo. Lo que funciona es transformar el resto antes: triturar la cáscara, enfriar y colar el agua, dejar en infusión la piel de plátano. Cuanto más pequeño y más repartido esté el material, menos olor, menos moho y más rápido llega el beneficio a las raíces.

¿Y si no tengo espacio para un compostador en el balcón?

No lo necesitas para aprovechar estas cuatro cosas: caben en un tarro en la nevera y en un mortero. Si te apetece dar un paso más, existen sistemas cerrados pequeños que funcionan sin olor cuando se manejan bien, y en muchos municipios hay contenedores para restos orgánicos o puntos de compostaje comunitario; merece la pena preguntar en tu ayuntamiento antes de comprar nada.

Sobre la autora

Borka Zapatero

Borka Zapatero escribe sobre el enredo cotidiano entre trabajo, familia y un cerebro TDAH que no respeta los márgenes. Cambia historias honestas por consejos honestos, con desvíos hacia la jardinería urbana y cómo lograr que un martes no parezca una urgencia.

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