No sabes cuán herida está alguien hasta que comienzan una relación contigo. Se revela cuando intentas amar. ¿Alguna vez amaste a alguien que no pudiste salvar?
Remendado
Mi amigo se cortaba y al principio de nuestra relación eso me aterraba. Pero aprendí que mi amor no era un juguete roto que debía arreglar. Entendí que no se trata de reparar, sino de estar ahí y amar en silencio. Cuando supo que no lo abandonaría y se sintió seguro, dejó de cortarse.
Justo entonces
Mi esposa creció en una familia muy complicada, y esa palabra se queda corta. Cuando empezamos, no sabía nada de su historia, poco a poco entendí lo profundo de su origen. A su lado aprendí que el amor no es un sentimiento, es una decisión.
Cada día eliges a la otra persona, especialmente cuando es menos fácil quererla. Pero eso es justo de lo que se trata: amarnos incluso en los momentos difíciles.
La solución
Mis padres murieron en un accidente cuando era niña, y mi primer esposo —con quien me casé a los 18— enfermó de cáncer, quedando viuda a los 20. Quienes sabían esto me trataban como un objeto frágil. Todos los hombres querían salvarme, pero yo no buscaba un héroe, sino un nuevo comienzo. La pérdida me marcó, pero no definió quién soy. Mi segundo esposo fue el único que vio a la persona real, sin mi “paquete de traumas”.
Altibajos
Amé a una chica con heridas muy profundas y muros muy altos, así que tuve que dejarla ir. Tenía solo 23 años, no sabía mucho de la vida y quizás renuncié demasiado pronto. Aún siento culpa porque dos años después de la ruptura se suicidó. Mi terapeuta me consuela diciendo que tal vez nadie podría haberla salvado, pero nunca lo sabremos.
Adicto
Mi prometido era adicto a las drogas. Cuando nos conocimos estaba limpio, pero a los cinco meses recaíó. Fueron años difíciles con rupturas y reconciliaciones, promesas rotas y heridas. Finalmente empezó a hablar de la raíz de su adicción: su tío lo abusó cuando era niño. Entendí de dónde venía ese dolor que intentaba apagar con sustancias.
Con mucho esfuerzo lo convencí de buscar ayuda profesional y poco a poco —muy despacio— comenzó a sanar. Hubo recaídas, pero ya sabía que no lo dejaría. Han pasado siete años, lleva seis limpio y ahora estamos planeando nuestra boda.
El verdadero rostro
Nadie sabía cuánto sufría mi novio por dentro. Siempre fue el alma de la fiesta, divertido y extrovertido. Al principio mantuvo las apariencias, pero poco a poco mostró lo roto que estaba. Varias veces se alejó, avergonzado de mostrar lo que le dolía. (No entro en detalles porque no es lo importante.) Cambió cuando le dije que no existe el amor perfecto, solo personas imperfectas que deciden amarse. Llevamos cuatro años juntos.











