A veces, los gestos que parecen triviales apagan los sentimientos tiernos.
El calor del hogar
Soy friolenta porque tengo mala circulación y soy muy sensible al frío. Nunca entendí por qué cuando trabajo desde casa casi me congelo durante el día, pero cuando mi esposo está en casa, no siento frío. Incluso bromeábamos diciendo que él era mi calefacción personal. Hasta que un día lo vi bajar el termostato antes de salir. Le pregunté por qué apagaba la calefacción y me dijo que porque él se iba. Le expliqué que yo estaba en casa. Se notaba que no entendía por qué me molestaba tanto. Siempre apagaba la calefacción al salir, y por eso yo pasaba frío. Ese fue el momento en que entendí que para mi esposo yo no era ni siquiera una persona importante.
La apariencia
Cuando estaba embarazada de nuestro hijo, me dijo que no entendía a los hombres que encuentran sexy la barriga de embarazada, porque para él "ese cuerpo deformado es asqueroso".
La solución
Adoptamos un cachorro del refugio, y entrenarlo para que hiciera sus necesidades en casa no fue fácil. A la segunda semana, mi esposo sugirió "llevarlo en coche a algún lugar, dejarlo ahí y traer otro". El perro sigue con nosotros (¡ya está entrenado!), pero mi esposo ya no.

La ayuda
Siempre yo hacía todas las tareas del hogar, él nunca ayudaba, pero lo aceptaba. Solo una vez le pedí que hiciera algunas cosas porque estábamos organizando la fiesta de cumpleaños de mi suegra en casa justo cuando tenía una semana complicada en el trabajo. Se lo avisé semanas antes y la semana previa a la fiesta le recordé todos los días con una lista para que no se olvidara. Ese día no trabajaba y no le pedí mucho, solo que sacara cosas del congelador, sacara la basura, no desordenara (yo había limpiado y ordenado el día anterior) y cortara las verduras.
Lo preparé —con infinita paciencia— como a un niño para una competencia. Incluso ese mismo día por la tarde lo llamé para asegurarme de que no se olvidara de nada. Cuando llegué cansada a casa, me encontré con un desastre. Platos y vasos sucios por todas partes, ropa tirada, y él sentado frente a la PlayStation sin darse cuenta de que había llegado. Cuando le pregunté por qué no había hecho nada, ni siquiera me miró, solo se encogió de hombros y dijo que estaba muy metido en el juego. No me enojé ni hice un escándalo: le escribí a su familia que la fiesta se cancelaba, recogí mis cosas y me fui. Nunca volví.

El ultimátum
Teníamos sexo cuatro veces por semana, pero para él no era suficiente. No era bueno en la cama y nunca me prestaba atención. Para él no existía el juego previo y no le importaba lo que a mí me gustaba, pero yo cumplía con mis deberes matrimoniales cuatro veces por semana. Cuando me dijo que eso no le bastaba y que si no podía tenerme todos los días, "buscaría cariño en otra parte", le respondí que era hora de que ambos buscáramos cariño en otro lugar.
El pastel
Mi pastel favorito es el de zanahoria, todos lo saben, incluido mi esposo. En cada cumpleaños le pedía que me comprara uno, pero en ocho años de matrimonio nunca lo hizo. ¿Por qué? Porque a él no le gustaba. A él le gustaba el pastel de chocolate, así que siempre me regalaba ese. A mí no me gusta el pastel de chocolate. Después del octavo pastel de chocolate, inicié el divorcio.











