Maria Branyas Morera falleció en 2024, a los 117 años y 168 días, siendo la persona viva más longeva conocida. Su vida fue única: sobrevivió dos guerras mundiales, dos pandemias, crió a tres hijos y vio crecer a 13 bisnietos. Antes de partir, pidió a los médicos que estudiaran su salud para descubrir el secreto de su larga vida.
La historia de Maria no solo destaca por los números, sino también por su sabiduría diaria: disfrutaba leer, pasear y mantenerse activa, siempre cuidando de su familia y amigos.
Su genética y hábitos la apoyaron
El Dr. Manel Esteller, jefe del departamento de genética de la Universidad de Medicina de Barcelona, analizó la salud de Branyas durante tres años. Los resultados, publicados primero en Cell Reports Medicine, concluyeron que su longevidad no se debe a un solo factor, sino a un delicado equilibrio entre su genética y estilo de vida.
Según Esteller, Maria tenía genes excepcionales que la protegían de muchas enfermedades, con variantes genéticas nunca antes vistas, según reportó CBS News.
Pero no solo la genética fue clave. Maria no fumaba ni bebía alcohol. Su dieta era rica en pescado, aceite de oliva y yogur. Consumía tres yogures naturales sin azúcar al día, lo que ayudó a mantener su flora intestinal saludable y a reducir procesos inflamatorios.
El yogur que "da vida"
El yogur no era solo un desayuno delicioso para Maria. Esteller explica que la inflamación crónica es una de las causas principales del envejecimiento y enfermedades, y que el yogur contiene bacterias beneficiosas que pueden favorecer nuestra salud.
El estudio señala que no se puede confirmar completamente que la dominancia de bacterias intestinales beneficiosas se deba solo al consumo de yogur, ya que se necesitarían estudios a largo plazo con muestras recogidas durante años.
Sin embargo, creen que probablemente el consumo de yogur ayudó a modular su flora intestinal, contribuyendo a su bienestar y longevidad. Maria adoraba el yogur y llegó a decir en redes sociales: "Da vida."
También es importante que pasaba la mayor parte de sus días activa: leía, paseaba por el parque, conversaba con su familia y siempre cuidaba que su dieta fuera equilibrada. Los científicos coinciden en que este estilo de vida balanceado fue tan importante como su genética.

No solo vivió mucho, sino con salud
El verdadero milagro no fue solo la larga vida de Maria, sino que mantuvo su salud: no sufrió cáncer, enfermedades cardiovasculares ni demencia.
Durante la investigación, se recogieron muestras de cuatro fuentes diferentes: sangre periférica completa, saliva, orina y heces en distintos momentos. Esto permitió a los científicos mapear los componentes genéticos y de estilo de vida que contribuyen a la longevidad, y analizar cómo una dieta equilibrada, una flora intestinal saludable y un estilo de vida consciente pueden favorecer una vida larga.
Los científicos también destacaron las limitaciones: el envejecimiento y la longevidad extrema son procesos muy individuales, por lo que sacar conclusiones generales a partir de un solo caso debe hacerse con cautela.
Lo que sí es seguro es que el ejemplo de Maria es inspirador, porque nos recuerda que el secreto de una vida larga está no solo en la genética, sino también en llevar un día a día saludable y activo.











