Como nosotros
Tenía 29 años cuando hablaba con una becaria que me preguntó la edad de un colega. Respondí que no sabía, “quizás más o menos como nosotros.” Ella, sorprendida, preguntó: ¿¡cómo que yo lo veo tan mayor!? Entonces yo también me asusté: “¿y tú a mí cuánto me ves?” Resultó que ella tenía 18 años y para una adolescente yo, con casi 30, ya era casi una anciana. Ahí entendí que ya no era tan joven, porque a los 18 yo también veía viejos a los que rondaban los 30.
Guardería
Después de mucho tiempo, mis amigos me convencieron de dejar la fiesta en casa y salir a un club. Bajamos y me sentí como en un jardín de infancia. Tenía 36 años y, sin exagerar, podría haber sido madre de todos allí. Eso me impactó tanto que me sobria al instante.
Suena la radio
Estaba escuchando la radio en el coche cuando pusieron una de mis canciones favoritas como “retro”. Me parecía que había sido un éxito mundial hace solo unos años. Luego, sin problema, pedí canciones “retro” al DJ en la boda de un amigo —como “I’m Blue” de Eiffel 65— y ni pestañeé cuando mi sobrina llamó “rock de abuelo” a Avril Lavigne y Sum 41.

La seguridad ante todo
“¡Ponte casco!” le dije indignada a mi hermano cuando se subió a la bici para ir rápido a comprar leche. Ahí comprendí que, por más que luchara contra ello, me había convertido en mi madre.
Historia
Casi me atraganto cuando el hijo de mi hermana me contó que en clase de historia estudiaron la transición política.
El orden es la clave
De camino a casa vi a dos jóvenes haciendo graffiti en la pared de una casa, así que paré y les expliqué que eso no es cool, es vandalismo, y que imaginen cuánto costará quitar esa porquería que pintaron. Me respondieron “vete a la mierda, viejo idiota.” Ahí supe que estaba envejeciendo. (En realidad usaron palabras aún más groseras.)

Sentadas
Con mi amiga —con quien hemos vivido dos décadas de conciertos de metal a tope— acordamos comprar asientos esta vez, porque a ella le duelen las plantas de los pies y a mí la espalda tras dos horas de pie. Al final compramos entradas VIP porque valía la pena el baño más limpio y no hacer tanta fila en el bar. Nos volvimos un poco cómodas.
Alerta
Mi hija dijo que no sé hacer volteretas, y yo salté para demostrarle que mamá las hace bien. Pero en mi cabeza sonaron las alarmas: “cuidado, que la última vez me lastimé el cuello con un bostezo.” Así que hice una voltereta muy suave y con calentamiento previo.
Deporte
Cuando escuché en la tele el nombre de uno de mis deportistas favoritos y pensé que qué bueno que sigue activo, pero resultó que quien competía era su hijo.
Equivocaciones
La primera vez que me atendió un médico claramente más joven que yo, y cuando le pregunté a mi hija de séptimo grado si quería salir conmigo después del cole, me miró con ojos grandes y dijo: “¿quieres que me burle de mí delante de mis amigos?” Ahí supe que no soy una mamá cool, sino la típica mamá incómoda.











