Cuando hablamos de longevidad, solemos pensar en el ejercicio y la alimentación. Pero Ken Stern, que lleva años investigando las dimensiones económicas, sociales y de estilo de vida del envejecimiento, decidió empezar desde otro lugar.
En su último libro (Healthy to 100) y en un reportaje para CNBC, analizó qué mantiene a las personas activas, saludables y mentalmente fuertes a largo plazo. Los hallazgos apuntan a que la respuesta está más en las relaciones, la actitud hacia el trabajo y el sentido de propósito en la vida.
Los países estudiados coinciden con las conocidas Zonas Azules. Stern investigó en Japón, Corea del Sur, Singapur y, para acercar el ejemplo a nuestra realidad, también en Italia y España. La elección fue intencionada, ya que estos países disfrutan de muchos más años de vida saludable que, por ejemplo, Estados Unidos o Hungría. Pero no son perfectos, y por eso resultan un campo ideal para el análisis.
Si funciona en lugares difíciles, ¿por qué no aquí?
Singapur es caluroso, congestionado y con mucha presión por el rendimiento; en España hay altos índices de obesidad y tabaquismo; Japón envejece rápidamente; y Corea del Sur lidia con una cultura laboral extrema. Estas circunstancias no están tan lejos de lo que vivimos en el corazón de Europa, en Hungría. Además, aquí mucha gente trabaja más allá de los 60 por obligación, no por elección o disfrute. Y está la generación sándwich, que equilibra trabajo, cuidado de padres mayores y adolescentes. El estrés suele ir acompañado de comidas irregulares, falta de ejercicio y sueño, y la sensación de no tener tiempo para frenar. Pero Stern descubrió que no es la perfección de las circunstancias lo que importa, sino cómo responde la sociedad a ellas.

El envejecimiento no es un límite, sino un nuevo comienzo
Una de sus mayores revelaciones fue que en estos países no se asocia el envejecimiento a un número específico. No es a los 60 o 65 cuando "todo termina"; la jubilación es el inicio de una nueva etapa. Stern mismo lo vivió así: a partir de los 60 vio que podía tener veinte años activos más, pero quería vivirlos con intención, no dejándose llevar.
Antes ayudaba a contar historias ajenas, pero luego descubrió que tenía la suya propia. Escribe libros, dirige podcasts y crea contenido, no por obligación sino porque se siente útil y no ve razón para que los próximos veinte años valgan menos que los anteriores. Así surgió una clave para la longevidad:
No importa la edad que tengas, sino si aún tienes planes, un rol y un lugar en el mundo.

Trabajo, pero no por obligación
En Japón, Stern conoció a personas mayores que trabajan a tiempo parcial junto a su pensión, en fábricas de dulces, contabilidad o como guías turísticos. Observó que, además de un ingreso extra, el trabajo les daba energía: sus tareas les aportaban estructura, relaciones sociales y autoestima.
Esto contrasta fuertemente con la experiencia de muchos aquí: el trabajo suele ser agotador, de por vida y una estrategia para sobrevivir.
Para Stern, la verdadera pregunta no es si trabajamos en la vejez, sino cómo lo hacemos. Hay un camino sostenible entre todo o nada, y donde no exista, la sociedad debería crearlo.
Cuando las generaciones realmente se encuentran
En Japón y Corea del Sur, Stern vio espacios comunitarios donde no separan las edades, algo poco común en otros lugares. En Kanazawa, personas mayores enseñan, hacen voluntariado y pasan tiempo con jóvenes y personas con discapacidad. En varios países comprobó que la conexión intergeneracional no es un gesto bonito, sino una estrategia consciente. Estudios muestran que esta conexión mejora la salud mental y física, reduce el aislamiento y devuelve el sentido de utilidad. Algo que las sociedades modernas suelen quitar demasiado pronto.
Compartir tiempo no solo beneficia a los mayores, sino que ofrece a las generaciones jóvenes estabilidad, modelos a seguir y experiencia de vida. La conexión reduce la ansiedad generacional, alivia el aislamiento y ayuda a ver el envejecimiento no como declive, sino como un modo diferente de vivir.

Relaciones más allá del ruido de las pantallas
En Italia, lo que más llamó la atención de Stern fue el ritmo distinto de las reuniones. Las comidas no son apresuradas, los teléfonos casi no aparecen y las conversaciones se sienten más auténticas y profundas.
Un estudio de Harvard de décadas demuestra que las relaciones humanas de calidad son más importantes para una vida larga y saludable que el dinero o la carrera.
Stern cree que uno de los mayores retos de las sociedades modernas no es la falta de información, sino que rara vez estamos realmente presentes en la vida de los demás.

Aprender mientras haya razón
En Corea del Sur, el aprendizaje a lo largo de toda la vida es un valor constitucional, y esta actitud se refleja en todos lados. Para Stern quedó claro que aprender no solo mantiene la mente activa, sino que crea comunidad, especialmente cuando es presencial y no online. Adquirir nuevas habilidades, mantener la curiosidad y conectar con otros forman una red mental protectora para adaptarse a los cambios.
¿Cuál es la lección? Stern dice que la longevidad no depende de remedios milagrosos o dietas estrictas, sino de cómo una sociedad valora y cultiva las relaciones humanas. No se necesitan condiciones perfectas para una vejez feliz, sino soluciones reales que den sentido a cada etapa de la vida.











