Un poco de celos es normal, pero en estos diez casos la situación fue más intensa.
Terror emocional
Mis hijos ya son adultos, pero me impactó descubrir que los dos mayores le hicieron creer al pequeño —cuando tenía alrededor de un año— que era adoptado. Escondieron sus fotos de bebé para "probar" que llegó después a la familia. Le dijeron que si no se portaba bien y no hacía lo que ellos decían, nos pedirían a nosotros (los padres) que lo devolviéramos al orfanato. Mi hijo menor tenía ya casi diez años cuando encontró sus fotos de bebé y los mayores le confesaron que todo era mentira. Hoy se ríe de eso, pero a mí me sorprendió lo crueles que podían ser mis hijos mayores.
El perro
Mi hijo fue descubierto metiendo los chupetes y biberones de su hermanito en la boca del perro, y luego devolviéndolos al bebé.
La tutú
Cuando nació nuestra hija, mi hijo no soportaba que le prestáramos menos atención, así que un día llegó del jardín con una tutú rosa. Se la había pedido prestada a una compañera y nos dijo que él también era una niña. Pensaba que si se convertía en niña, lo cuidaríamos igual que a su hermanita.
Empujones
Mi esposa llevaba tiempo diciéndome que nuestro hijo mayor lastimaba al pequeño, pero yo lo minimizaba diciendo que yo también peleaba con mi hermano cuando era niño. Hasta que un día vi con mis propios ojos cómo empujó a su hermano por las escaleras. Fue entonces cuando lo llevé a un especialista.

Mamá
Mi hija tenía cuatro años cuando nació su hermanito, a quien esperaba con ilusión. Estaba feliz, pero de una manera casi obsesiva… No sentía celos del hermano, sino de mí. Decía que ella era la mamá pequeña y no quería que me acercara a su hermano. Se volvió agresiva conmigo, se enfurecía cuando amamantaba a su hermano. Fue muy duro atender al recién nacido y a sus berrinches al mismo tiempo. Finalmente todo se normalizó, pero ese año lo recuerdo como una pesadilla.
Llamas
Una noche entré a la habitación del bebé y vi a mi hijo de tres años intentando prender fuego con el encendedor de su padre la sábana de la cuna donde dormía su hermana. Después trasladamos la cuna a nuestro dormitorio y cerrábamos la puerta con llave cada noche.
Mimetismo
Nuestra hija sufrió mucho con la llegada de su hermana y empezó a comportarse como un bebé a los dos años. Se hizo pis encima, pidió pañales y chupete, y durante meses no hablaba, solo gritaba cuando quería algo. Fue un período difícil.
Las notas
Mi hija, una estudiante excelente, tenía nueve años cuando nació su hermano y no estaba feliz con su llegada. Para llamar nuestra atención, bajó intencionalmente sus calificaciones en todas las materias. Los profesores decían que sabía el contenido, pero durante los exámenes no respondía y entregaba los trabajos en blanco. Tuvimos que llevarla al psicólogo escolar porque pasó de sobresaliente a estar en riesgo de reprobar.
Destrucción
Mi hija de cinco años se volvió un demonio tras el nacimiento de su hermana. Rompió todos los juguetes de la bebé y quería destruir todo lo que era suyo. Para el bautizo de la pequeña, la abuela les compró a ambas unos vestidos preciosos que costaron una fortuna para que «las niñas salieran bonitas en las fotos», y a la mañana siguiente la mayor había destrozado el vestido de su hermana con unas tijeras.
La suerte está echada
Estaba lavando los platos en la cocina cuando noté un silencio demasiado grande: eso nunca es bueno si tienes un bebé y un niño de cuatro años. Miré hacia la sala y vi al bebé durmiendo plácidamente en su cuna, mientras mi hijo mayor estaba de pie sobre él, con un cubo de Rubik en la mano levantada. Le grité, y con una mirada inexpresiva me miró a los ojos y le lanzó el cubo con fuerza a la cara a su hermano. Corrí y le di una bofetada con la mano mojada, y ambos niños comenzaron a llorar desconsoladamente. Fuimos al psicólogo infantil durante años hasta que pudo aceptar a su hermanito. Hoy no lo quiere, pero al menos ya no le hace daño.











