Últimamente, muchas personas se preguntan: ¿qué causa el autismo? Aunque es una pregunta importante, las respuestas a menudo están influenciadas más por factores políticos que por resultados científicos reales — y con frecuencia terminan señalando que "seguramente las madres hicieron algo mal".
La culpa, especialmente hacia las madres por el autismo de sus hijos, tiene raíces profundas. En los debates sociales y científicos sobre el trastorno del espectro autista (TEA), suele aparecer la idea de que alguien "es responsable" de que un niño desarrolle alguna neurodivergencia.
Raíces históricas
La culpa hacia las madres se remonta a los inicios del concepto de autismo. En los años 40, el famoso psiquiatra Leo Kanner, que definió las descripciones clásicas del autismo, observó que sus pacientes a menudo tenían madres "altamente educadas" pero consideradas "frías y distantes". De esta observación nació la llamada teoría de la "madre refrigeradora", que afirmaba que la falta de afecto o frialdad de la madre causaba el autismo.
Esta teoría se popularizó en las décadas de 1950 y 1960, especialmente a través del trabajo de psicólogos y psicoanalistas como Bruno Bettelheim. Él sugería que el autismo podía deberse a que la madre no lograba conectar emocionalmente con su hijo, manifestándose como un trastorno del desarrollo — hoy sabemos que esto no es cierto. El autismo es una condición con la que se nace, no es causada por el comportamiento materno; de hecho, muchas madres son las primeras en notar que el desarrollo de su hijo es diferente.
Superamos la teoría, pero la culpa persiste
Aunque la teoría de la "madre refrigeradora" está obsoleta, culpar a las madres sigue vigente. De hecho, con el avance de la ciencia han surgido nuevas narrativas que siguen trasladando la responsabilidad a las madres — como el impacto del comportamiento materno durante el embarazo o ciertos factores externos (medicamentos, vacunas).
Datos históricos muestran que un estudio de gemelos de 1977 encontró que los gemelos idénticos (con el mismo material genético) tienen más probabilidades de ambos desarrollar autismo que los gemelos con diferente genética. Esto indica que la genética tiene un papel decisivo.
Aun así, persisten ideas erróneas, como que si la madre tomó ciertos analgésicos durante el embarazo o se comportó "incorrectamente", eso podría "causar" autismo. Sin embargo, estas ideas carecen de respaldo sólido — por ejemplo, un estudio con una gran base de datos no encontró relación entre el uso de paracetamol en el embarazo y el desarrollo del autismo.
¿Por qué la sociedad insiste en culpar?
Hay varias razones por las que la sociedad tiende a responsabilizar a las madres en estas situaciones. Una es que buscamos respuestas simples: el autismo es un trastorno del espectro con muchas causas posibles, pero la sociedad y los medios prefieren un único "culpable".
Además, el rol de la madre es culturalmente muy fuerte: tradicionalmente son las principales cuidadoras, así que ante un problema, la primera suposición es que "algo hicieron mal".
Esto puede explicar la situación, pero no justifica ni excusa culpar a las madres, que ya enfrentan una carga emocional enorme en un camino que no es fácil.
¿Y ahora qué?
Que se culpe a las madres no es novedad — la raíz de este fenómeno tiene décadas, y aunque la ciencia hoy ve las causas de otra manera, la opinión pública no siempre sigue esos avances. Es fundamental entender que el autismo no surge porque la madre no haya sido lo suficientemente afectuosa, cuidadosa o porque haya tomado algún analgésico — es un estado complejo y multifactorial donde la genética tiene un papel clave.
Para los padres — especialmente las madres — es vital reconocer que no están solas y que no son responsables del estado de sus hijos.











