Por eso, no es tan sorprendente que la explicación esté en la evolución. Así lo descubrió la Facultad de Zoología de la Universidad de Tel Aviv, cuyos científicos encontraron por qué las mujeres prefieren el calor y los hombres el frío.
Los investigadores concluyeron que existe una diferencia evolutiva “incorporada” entre machos y hembras en este aspecto. Más concretamente, los sistemas de detección térmica de ambos sexos son distintos, y esto está muy relacionado con la reproducción y el cuidado de las crías.
Estudiaron cómo ocurre este fenómeno en aves y murciélagos. Ya sabíamos por observaciones previas que fuera de la época de cría, los murciélagos se separan y los sexos viven en ambientes diferentes —y seguro ya imaginaste que los machos prefieren zonas más frescas.
Otras investigaciones muestran comportamientos similares en aves y mamíferos: los machos suelen desplazarse a lugares más frescos, mientras que las hembras permanecen en zonas cálidas con sus crías. Incluso en especies donde viven juntos, se ha visto que los machos buscan la sombra y las hembras toman el sol. En el reino animal, es muy común que los sexos tengan relaciones distintas con la temperatura.

¿Por qué murciélagos y aves?
En las últimas décadas, los científicos observaron miles de aves y murciélagos para encontrar respuestas. Eligieron estos animales porque son muy activos y, especialmente las aves migratorias, tienen hábitos fascinantes. Creían que estudiar estos casos aclararía las preferencias térmicas de los sexos.
¿Qué descubrieron los expertos?
Según la Dra. Magory Cohen, coautora del estudio, todo gira en torno a proteger a las crías. La evolución ha llevado a que los machos, que toleran mejor el frío, se ubiquen en zonas más frescas, mientras que las hembras prefieren climas cálidos. Esto reduce la competencia por recursos y evita que machos agresivos pongan en riesgo a las crías.

¿Y qué pasa con los humanos?
“La diferencia en la percepción del frío no existe para discutir con nuestras parejas sobre el aire acondicionado, sino para que todos disfrutemos de tranquilidad y silencio, y a veces podamos alejarnos sin necesidad de dar explicaciones.”
Es muy interesante que los científicos también relacionan esta separación en humanos con fenómenos sociales. Por ejemplo, cuando hombres y mujeres comparten un espacio, las mujeres suelen estar más abiertas a contacto físico con otras mujeres, mientras que los hombres mantienen más distancia, no solo mental sino también física. Sabemos que cuanto más cerca estamos de alguien, más ayudamos a mantener el calor.
“Machos y hembras, hombres y mujeres tienen mecanismos diferentes para sentir el frío, desarrollados a lo largo de la evolución. Esta diferencia es similar a la que existe en los umbrales de dolor entre sexos y también está influida por las diferencias hormonales”, resumió el Dr. Levin.
Así que, si la próxima vez surge una discusión sobre cuánto subir el termostato o a qué temperatura debe estar el aire acondicionado, tal vez lo mejor sea pasar un rato separados en lugar de pelear —al menos eso recomiendan los expertos como solución a largo plazo.











