Por eso decidí que, incluso en el ajetreo previo a las fiestas de fin de año, saldría de excursión, y estos lugares se convirtieron en mis favoritos.
En los últimos años, solía llegar a Navidad completamente agotada. Trabajaba mucho, intentando terminar todo antes de las fiestas, y la noche de Nochebuena la dedicaba a dejar la casa impecable. Pero el año pasado, justo ese día, me enfermé alrededor del mediodía. Todo ese estrés y prisa hicieron que se perdiera la magia de la Navidad, y en vez de disfrutar los regalos, me alegraba poder comer uno o dos bocados por la noche.
Fue entonces cuando decidí que este año sería diferente. No quiero que el ajetreo de fin de año me consuma. Prefiero asumir menos, organizar mejor mi tiempo e incluir pausas conscientes, como excursiones que siempre me han recargado.
La calma que encuentro en la naturaleza
Antes, cuando el clima se enfriaba, solía encerrarme y posponer mis planes de excursión para la primavera o el verano. Pero ahora sé que los paisajes otoñales e invernales tienen un encanto especial, y no vale la pena esperar meses para salir a caminar.
Desde hace un tiempo trato de salir al menos una vez por semana, ya sea para una caminata corta o una excursión de todo el día. Siento la diferencia: no solo físicamente, sino también mentalmente. Estoy más tranquila, me concentro mejor y hasta soy más productiva en el trabajo.

Luces, castillos y ambiente navideño
Una de nuestras primeras excursiones de este año fue al castillo Esterházy en Fertőd, donde también visitamos el maravilloso Parque de las Luces. El espectáculo, las luces, la música y el ambiente me llenaron de energía: fue una verdadera preparación para las fiestas.
Los mercados navideños siempre me han encantado, así que este año planeo visitar varios que estén a máximo 1 o 2 horas en coche. Pero no solo por el ponche caliente y las luces: me gusta descubrir los puntos de interés locales, pasear por las ciudades y empaparme de su atmósfera.
He visitado Bratislava varias veces en los últimos años y siempre me he sentido muy bien. La ciudad tiene un ambiente especial, el centro está siempre animado y encontré una sorprendente variedad de alimentos saludables en las tiendas, lo que me alegró mucho. Este año quiero ver su mercado navideño, porque estoy segura de que las luces y aromas del Adviento en Bratislava harán que me sienta aún más acogida y feliz.
Pero el año pasado, por ejemplo, me encantó el zoológico y el castillo de Herberstein en Austria. Ese día también se inauguraba el mercado navideño en Hartberg, así que combinamos ambos planes y fue un día maravilloso. Quiero vivir muchas experiencias así este año.

Un lago puede hacer maravillas incluso en invierno
No solo visitamos castillos y ciudades. Durante el resto del año solemos ir a la orilla de ríos y lagos, y no quiero dejar de hacerlo en invierno. Un paseo junto a un lago cercano, incluso con nuestro perrito, me recarga increíblemente.
En Őrség, por ejemplo, el lago Hársas es hermoso en todas las estaciones. Después del verde verano, ahora me cautiva su calma otoñal e invernal. Estos momentos me ayudan a desacelerar y a vivir el presente plenamente.
No trabajo menos, sino con más conciencia
No diría que trabajo menos que el año pasado, sino que trabajo de forma diferente. Con más conciencia. Aprendí que la preparación para las fiestas no es perfecta por tachar todo en mi lista, sino porque yo me sienta bien durante el proceso.
Las excursiones, las caminatas cortas y la cercanía a la naturaleza me ayudan a no quemarme antes de Navidad. Mi objetivo este año no es que la fiesta sea perfecta, sino que sea pacífica, tranquila y realmente vivida.
Aprendí a darme tiempo
La temporada navideña suele ser sinónimo de prisa, tareas y expectativas. Pero descubrí que si me doy tiempo, aunque sea para una excursión corta, una caminata tranquila o una tarde relajada, todo lo demás puede encajar mejor. Este año empecé a vivir con esta mentalidad desde principios de noviembre, y confío en que mi Navidad será mucho más serena, íntima y llena de alegría.











