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Por qué nunca deberías airear tus problemas de pareja delante de los demás

Nyul Debóra7 min de lectura
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Por qué nunca deberías airear tus problemas de pareja delante de los demás — Relación
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Imagina que estás en una cafetería y, de repente, escuchas a tu pareja contándole a alguien —a quien apenas conocéis— todos los detalles de la discusión que tuvisteis ayer. Explica en qué se equivocó según él o ella, qué malas costumbres tienes, e incluso menciona tus inseguridades más profundas. Y no lo dice en privado, sino en voz alta, de modo que varias personas alrededor puedan oírlo.

A la mayoría nos incomodaría muchísimo una escena así. Y, sin embargo, cada vez veo con más frecuencia cómo hablar mal de la pareja se ha vuelto algo de lo más normal. Como si los detalles más íntimos de una relación fueran un tema de conversación tan cotidiano como la compra del día o el tiempo que hace.

Pero hay una diferencia enorme entre pedir ayuda en un momento difícil y airear constantemente los aspectos más íntimos de tu vida en común delante de los demás.

La confianza no es algo que se dé por sentado

La confianza es la base de cualquier relación sana. Es esa certeza de que junto a la otra persona estamos a salvo, y de que lo que compartimos con ella no acabará contado a medio mundo.

Cuando alguien relata una y otra vez sus conflictos de pareja a otras personas, esa sensación de seguridad se resquebraja con facilidad. Porque, ¿cómo saber si una conversación delicada o una etapa difícil no acabará convertida en tema de charla social?

La confianza no suele perderse por una gran traición. A veces se erosiona con pequeñas historias, frases sueltas y datos que quizá parecen insignificantes para quien los cuenta, pero que pueden doler muchísimo a quien se refieren.

Pedir ayuda no es lo mismo que quejarse

Es importante distinguir entre las dos cosas.

Por supuesto, todos necesitamos a veces desahogarnos con un amigo cercano o un familiar. Hay situaciones en las que una mirada externa ayuda muchísimo, sobre todo cuando alguien duda o tiene que tomar una decisión difícil.

También puede ocurrir que alguien hable de su relación precisamente porque necesita apoyo o ayuda para reconocer una situación dañina o poco saludable.

El problema, en mi opinión, empieza cuando la conversación ya no busca una solución, sino poner el foco únicamente en los defectos de la pareja. Cuando alguien enumera una y otra vez las mismas heridas mientras la otra persona no está presente, no puede reaccionar ni contar su propia versión.

Eso ya difícilmente es pedir ayuda. Es, más bien, contar una historia con un solo punto de vista.

Reconozco que yo también conozco cosas íntimas o de pareja de muchas personas que, en realidad, nunca quise saber. No porque fuera cotilla, sino porque alguien decidió contármelas. En esos momentos no solo pienso en lo mal que debe sentirse aquella persona de la que hablan, sino también en que yo tampoco tendría por qué haberlo escuchado.

Cuando hablamos de alguien, no con esa persona

Todo conflicto tiene al menos dos caras. Una discusión, un malentendido o una decisión mal tomada rara vez es una historia en blanco y negro.

Sin embargo, cuando alguien habla de su pareja a otras personas, normalmente solo muestra su propia perspectiva. Es completamente humano, porque cada uno vive las situaciones a través de sus propias emociones. El problema es que así quien escucha se queda con una imagen distorsionada del otro.

Y la persona afectada, muchas veces, ni siquiera sabe qué opinión se ha formado sobre ella a sus espaldas.

Me parece especialmente injusto. Es como si alguien fuera juzgado sin que le den siquiera la oportunidad de defenderse.

Airearlo en internet es un terreno aún más peligroso

En la era de las redes sociales, ya no solo las charlas entre amigos pueden ser un problema. Una indirecta, una publicación quejumbrosa o un mensaje encubierto pueden llegar en cuestión de segundos a muchísima gente.

Puede que muchos ni siquiera se paren a pensar en la huella que deja un post escrito en caliente o una historia compartida en apariencia inocente. Internet no olvida con facilidad; la relación, en cambio, se daña con muchísima más rapidez.

Primero deberíamos hablar entre nosotros

No digo que todos los problemas deban resolverse exclusivamente con la pareja. Hay situaciones en las que hace falta ayuda externa, y eso está totalmente bien.

Aun así, creo que el primer paso siempre debería llevarnos el uno hacia el otro. La mayoría de los conflictos no se resuelven contándoselos a los demás, sino cuando las dos personas implicadas se escuchan de verdad.

Ese suele ser un camino más difícil que quejarse a otra persona. Pero ofrece muchas más posibilidades de que la relación crezca en lugar de seguir dañándose.

Acudir a un profesional no es un fracaso

Si una pareja lleva mucho tiempo lidiando con los mismos problemas, o siente que no logra comunicarse de forma eficaz, creo que vale la pena pedir la ayuda de un profesional.

Todavía hay muchos prejuicios en torno a acudir a un psicólogo o a un terapeuta de pareja, cuando en realidad no es una señal del fracaso de la relación, sino a menudo de un paso consciente para salvarla.

Es mucho más constructiva una conversación en un entorno seguro y con acompañamiento profesional que airear constantemente los defectos de la pareja delante de conocidos o incluso de desconocidos.

No solo protegemos la dignidad de la pareja, también la relación

El respeto en la pareja empieza, en mi opinión, por cómo hablamos del otro también cuando no está presente. No porque haya que callar los problemas ni barrer los conflictos bajo la alfombra.

Sino porque nuestra pareja no es el personaje de una historia, sino una persona que siente y a la que puede dolerle igual que a nosotros que sus momentos más vulnerables se comenten delante de otros.

Todos nos equivocamos a veces en nuestras relaciones. Precisamente por eso conviene hacerse una pregunta sencilla antes de empezar a hablar del otro: ¿me gustaría a mí escuchar lo mismo dicho sobre mí?

Si la respuesta es no, quizá ha llegado el momento de replantearnos qué es realmente asunto de todos y qué debería quedar solo entre nosotros dos.

¿Es malo desahogarse con un amigo sobre mi pareja?

No necesariamente. Todos necesitamos a veces contar lo que sentimos, y una mirada externa puede ayudar mucho ante una duda o una decisión difícil. El problema aparece cuando la conversación deja de buscar una solución y solo sirve para exponer una y otra vez los defectos de la pareja.

¿Cuál es la diferencia entre pedir ayuda y quejarse?

Pedir ayuda busca comprender la situación o encontrar una salida. Quejarse repetidamente es contar una historia con un solo punto de vista, mientras la otra persona no está presente ni puede dar su versión.

¿Por qué es tan delicado hablar de la pareja en redes sociales?

Porque una indirecta o una publicación escrita en caliente puede llegar a muchísima gente en segundos. Internet no olvida con facilidad, mientras que la relación se daña con mucha más rapidez.

¿Acudir a terapia de pareja significa que la relación ha fracasado?

No. Aunque todavía existen prejuicios, pedir ayuda profesional no es señal de fracaso, sino a menudo de un paso consciente para salvar la relación en un entorno seguro.

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