Seguro que alguna vez has visto esas imágenes de desfiles de moda: modelos con una jaula de pájaros en la cabeza, velas goteando desde los hombros o vestidos que parecen sacados de una batalla galáctica. Y debajo, siempre el mismo comentario: «¿Esto es moda?», «¿Qué quería decir el diseñador con esto?», «¿Quién se pondría eso en la vida real?». Junto a las risas, las burlas y esa certeza cómoda de que «la moda es una tontería que se ha desconectado del mundo real».
El problema es que esos comentarios, por muy ingeniosos que suenen, dicen mucho más sobre quien no entiende de qué va la pasarela que sobre una supuesta falta de sentido de la moda.
La alta costura no es lo que compras en el centro comercial
No pretendo darle lecciones a nadie, pero no confundamos churras con merinas. Las piezas de alta costura se pueden criticar; de hecho, prácticamente nacen para eso, para que hablemos de ellas. Pero al menos tengamos claro de qué estamos hablando.
Lo primero: no, esa ropa no está pensada para ir a la oficina. En el mundo de la haute couture y la alta moda, el objetivo no es que una prenda resulte cómoda para tomar el café de la mañana ni que combine con el traje gris de siempre.
Las piezas más extremas de una pasarela no son ropa funcional, sino obras de arte, igual que lo es un cuadro surrealista o una escultura abstracta.
Por eso no tiene ningún sentido preguntar, al ver uno de estos diseños, «¿pero quién va a ponerse eso?». Nadie se planta delante de un cuadro de Rothko preguntando «¿pegaría con el papel pintado del salón?», y aun así aceptamos que tiene valor, porque sabemos que esa no es la medida. Las piezas más rompedoras de la pasarela funcionan igual: transmiten un mensaje, dan forma a una emoción o a una idea, y muchas veces reflexionan sobre lo social, lo político o lo cultural.
La moda es un idioma, solo que no todos lo hablan
Para entender de verdad lo que vemos en uno de estos desfiles, hay que conocer la historia de la moda, sus figuras icónicas y su sistema de referencias. Una silueta, la elección de un tejido o una combinación de colores pueden remitir a otra época, a una corriente artística o a un problema social. Es un lenguaje visual que se aprende, igual que aprendemos a interpretar el cine, la música o la literatura.
Eso no significa que todo el mundo tenga que entenderlo. Nadie está obligado a interesarse por la moda contemporánea. Pero burlarse de lo que no se comprende, y encima reírse de ello, no es crítica: es superficialidad.
Cuando alguien escribe bajo una foto de pasarela que «el mundo se ha vuelto loco», en realidad solo está diciendo: no entiendo lo que pasa, ni me interesa entenderlo. Y a veces parece incluso orgulloso de no entenderlo.
La moda, sobre todo en su vertiente más artística, no está desconectada de la realidad: muy a menudo es precisamente su reflejo. De la crisis climática a los trastornos de la imagen corporal, de la desigualdad social a las cuestiones de género, la pasarela pone sobre la mesa infinidad de temas. Solo que para verlos hay que mirar las capas, no quedarse en la superficie. Y eso no es fácil, pero es justo lo que lo hace valioso.
Si a alguien no le interesa el mundo de la moda, no pasa absolutamente nada. Basta con seguir deslizando el dedo. No es obligatorio opinar sobre todo, sobre todo cuando no entendemos algo. Porque ese comentario dice mucho más de quien lo escribe que de quien diseñó la pieza convertida en objeto de burla.
¿Por qué la ropa de las pasarelas parece tan poco práctica?
Porque no está pensada para llevarse a diario. Estas piezas funcionan más como obras de arte: buscan transmitir una idea o una emoción, no facilitar tu rutina de la mañana.
¿Es lo mismo alta costura que la ropa que compramos en las tiendas?
No. La alta costura y la alta moda persiguen expresar mensajes y provocar conversación, mientras que la ropa comercial se diseña para ser cómoda, funcional y combinable en el día a día.
¿Hace falta saber de moda para tener una opinión?
No es obligatorio interesarse por la moda contemporánea. Pero comprenderla exige conocer su historia y sus referencias, igual que ocurre con el cine, la música o la literatura.
¿Por qué se dice que la moda refleja la realidad?
Porque muchos desfiles abordan temas como la crisis climática, la imagen corporal, la desigualdad social o las cuestiones de género. Solo hay que mirar más allá de la superficie para verlos.











