Cada minuto cuenta cuando alguien sufre un infarto. Saber reconocer los síntomas y reaccionar con rapidez no es solo una habilidad médica: es algo que cualquier persona puede aprender y que, llegado el momento, puede salvar una vida.
Cómo reconocer los síntomas de un infarto
El primer paso —y probablemente el más importante— es identificar correctamente lo que está ocurriendo. Actuar con rapidez solo es posible si sabemos qué señales debemos buscar.
El síntoma más común de un infarto es el dolor en el pecho, especialmente si tiene un carácter opresivo, ardiente o constrictivo. Este dolor puede irradiarse hacia los brazos, el cuello, la mandíbula o la espalda.
Otros síntomas frecuentes incluyen dificultad para respirar, náuseas repentinas, sudoración fría y una intensa sensación de debilidad o mareo. Es importante saber que la intensidad de estos síntomas puede variar: a veces aparecen en situaciones de estrés o esfuerzo físico, pero también pueden presentarse en reposo. No los ignores.
Qué hacer de inmediato ante una emergencia
Si reconoces los síntomas de un infarto, llama al 112 sin demora. No esperes a ver si mejora. El tiempo es el factor más crítico en estos momentos, y cada minuto que pasa sin atención médica puede tener consecuencias irreversibles.
Mientras esperas la llegada de los servicios de emergencia, intenta tranquilizar a la persona afectada y ayúdala a adoptar una posición cómoda. Lo más recomendable es que esté tumbada o semiincorporada, lo que reduce el esfuerzo del corazón.
Si la persona está consciente y tiene prescrito nitroglicerina o aspirina por su médico, y tú tienes formación o experiencia suficiente para administrarla correctamente, puedes hacerlo. Estos medicamentos pueden aliviar la carga sobre el corazón y mejorar la circulación. Sin embargo, actúa solo si estás completamente seguro de las condiciones.
El papel crucial de los primeros auxilios por parte de testigos
La intervención de personas presentes en el momento puede marcar una diferencia enorme. Una actuación temprana aumenta significativamente las probabilidades de supervivencia. Sin embargo, es fundamental ser consciente de los propios límites: solo quienes tienen formación adecuada deben intentar maniobras como la reanimación cardiopulmonar (RCP).
La RCP puede ser necesaria si la persona pierde el conocimiento. En ese caso, sigue las instrucciones del operador del 112 mientras esperas la ambulancia. Las compresiones torácicas deben ser rítmicas y firmes, manteniendo el ritmo hasta que lleguen los profesionales sanitarios.
Si en tu entorno hay un desfibrilador automático externo (DEA), úsalo siguiendo las instrucciones de voz del dispositivo. Cada vez más espacios públicos cuentan con ellos y están diseñados para ser utilizados por cualquier persona, sin formación previa.
La recuperación y el cambio de hábitos después de un infarto
Un infarto rara vez ocurre de la nada. Generalmente es el resultado de años de estrés acumulado sobre el corazón y las arterias. Por eso, el seguimiento posterior es tan importante como la atención en el momento de la crisis.
Tras superar un infarto, los controles médicos regulares y el tratamiento farmacológico adecuado son esenciales. Además, adoptar una dieta cardiosaludable y mantener una actividad física moderada son pilares fundamentales de la recuperación.
Dejar de fumar y reducir o eliminar el consumo de alcohol también forman parte imprescindible de ese cambio de vida. No son sacrificios: son inversiones en tu salud futura.
Conocer los factores de riesgo propios —como la hipertensión arterial, la diabetes o el colesterol elevado— permite tomar medidas preventivas específicas. La detección temprana y un estilo de vida consciente son las herramientas más poderosas para reducir el riesgo de sufrir un infarto. Empezar hoy siempre es mejor que esperar a mañana.











