Descubrir que tu pareja te ha sido infiel ya es un golpe durísimo. Pero hay algo que duele aún más: que él no sienta ningún remordimiento. Ninguna culpa. Ningún arrepentimiento real. Estos hombres lo cuentan con una honestidad incómoda, y sus palabras revelan mucho más de lo que ellos mismos creen.
«No sentía que estuviera haciendo algo malo»
Mi mujer y yo peleábamos constantemente. Ella se encerraba en sí misma, no me hablaba, y desde luego no quería saber nada de sexo. Yo lo intentaba, pero en cuanto me acercaba empezaba a gritar. Así que llegué a la conclusión de que no era ningún pecado buscar ese alivio en otro sitio. No me sentí culpable porque, en mi cabeza, ella me había dejado sin opciones.
«Solo fue algo físico, la traición de verdad fue la suya»
Yo estaba enamorado de mi novia. Lo que pasó con la otra no tuvo ninguna carga emocional, solo fue algo físico, sin más. Cinco minutos después ya ni me acordaba de ella. ¿Sabéis qué fue lo que sí me partió por dentro? Esa misma noche, ella me dijo que me quería. Al día siguiente miré su móvil y vi que llevaba semanas coqueteando con otros dos chicos por chat. La verdadera traición es la emocional, no un encuentro físico que no significa nada.
«Soy un hombre con necesidades»
Le di todo: me casé con ella, tuvimos hijos, la mantengo, vive sin preocupaciones económicas. Las necesidades físicas son tan básicas como comer o respirar. ¿Tan difícil es entender que yo también necesito algo para mí? No lo viví como una traición, sino como cubrir algo que me faltaba.
«En el fondo quería que me pillara»
Ya no sentía nada por mi novia, pero era demasiado cobarde para dejarlo. Como ya no la amaba, ni siquiera lo consideraba una infidelidad. En algún rincón de mi cabeza, esperaba que se enterara y me echara ella. Y así fue. Aunque mirando atrás, reconozco que no estuvo bien.
«De repente podía tener a cualquier chica»
De adolescente fui el chico invisible: granos, delgaducho, sin ningún éxito con las chicas. Luego me cuidé, me puse en forma y, de repente, tenía novia guapa y otras chicas también se fijaban en mí. ¿Cómo iba a resistirme a eso? Mi hermana dijo que era como el niño que lleva toda la vida con la nariz pegada al escaparate de la pastelería y de repente le abren la puerta. La sensación de poder era tan nueva y tan embriagadora que no fui capaz de frenarme.
«Pensé que me perdonaría, como siempre»
Mi novia siempre me había perdonado antes. Así que di por hecho que esta vez también lo haría. Me equivoqué: a la tercera no hubo manera de convencerla. Y siendo completamente honesto, lo que lamenté no fue haberle sido infiel, sino que se enterara.
«Estábamos en paz»
Mi mujer me confesó que se había acostado con un compañero de trabajo en una fiesta de empresa. Lloraba, decía que estaba borracha y que apenas recordaba lo que pasó. La escuché en silencio, me levanté y me fui a casa de un amigo. Le conté lo que había pasado en dos frases y él dijo: «Esta noche salimos.» Bebimos, ligamos, y acabé en casa de una chica. Cuando volví al día siguiente, mi mujer lo supo de inmediato. No me sentí culpable: en mi cabeza, estábamos en paz. Ella no lo vio así. Nos divorciamos.
«Aguanté un año entero, eso tiene mérito»
Mi mujer tuvo un embarazo de riesgo y prácticamente estuvimos un año sin sexo. Después del parto, siempre estaba agotada. Lo entendía, de verdad. Pero llegó un punto en que no pude más. Sentía que me lo había ganado, que había aguantado más de lo que cualquier hombre aguantaría. Así que quedé con una ex un par de veces. No lo viví como una traición. Lo viví como algo que simplemente me correspondía.
Estas confesiones incomodan, y es normal que lo hagan. Revelan los mecanismos mentales con los que algunas personas justifican el daño que causan. Reconocerlos es el primer paso para entender qué falla de verdad dentro de una relación.











