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"No tenía la menor intención de ocuparse del bebé": mujeres cuentan cómo su pareja las hundió tras el parto

Szőke Angéla5 min de lectura
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"No tenía la menor intención de ocuparse del bebé": mujeres cuentan cómo su pareja las hundió tras el parto — Familia
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No todos los hombres se ponen a la altura cuando nace un bebé. Y a veces, lo que parece depresión posparto en realidad es agotamiento por cargar sola con todo.

Estas mujeres cuentan en primera persona cómo la dinámica de pareja terminó afectando a su salud mental. Sus historias son crudas, honestas y, para muchas madres, dolorosamente familiares.

A cada uno lo suyo

Llevaba meses sin dormir por culpa del bebé, que no paraba de llorar, y él no movía un dedo. Ni una sola vez bañó o cambió al niño. Es más: cuando llegaba del trabajo —donde tampoco se mataba— no me relevaba, sino que se iba directo a dormir.

Decía que se lo merecía por ser el que traía el dinero a casa. Ah, y esperaba que, como siempre, le cocinara algo distinto para cenar cada día. En eso no cedía ni un milímetro.

La variable que lo cambió todo

Sé perfectamente que con mi primer hijo el problema no fue la depresión posparto, sino el hombre con el que estaba casada entonces. Lo sé porque tuve dos hijos más y no me pasó absolutamente nada.

Con el primero tenía que hacerlo todo yo —todo, de verdad— porque mi ex ni nos miraba. Mi segundo marido, en cambio, me ayudaba en todo. Los meses posteriores a mis dos últimos partos no los recuerdo como una pesadilla, sino como una etapa tranquila y feliz junto a mi bebé. Lo único distinto era el hombre que tenía al lado.

Y de repente, como por arte de magia

Según él, yo no tenía depresión posparto, sino una psicosis posparto. Y la verdad es que sí sentía que se me iba la cabeza. Llegué a pensar que no me gustaba ser madre.

Aguanté seis meses en aquella locura, hasta que me mudé con el niño. Y, como por arte de magia, todos mis problemas desaparecieron. Me convertí en una madre primeriza feliz.

Pastillas que sobrarían

Un día, hablando con mis colegas psicólogas, comentábamos cuántas madres menos necesitarían ansiolíticos y otros medicamentos si "cambiaran sus circunstancias", es decir, si dejaran a su pareja.

He tenido varias pacientes a las que diagnostiqué "ansiedad situacional" y que mejoraron en cuanto cambiaron su situación: los síntomas desaparecieron cuando desapareció la fuente de estrés (el marido).

Si te reconoces en estas líneas, quizá te interese leer también por qué tantas madres sienten que son malas madres cuando en realidad solo están agotadas.

Seis largos años

Después de nacer mi hija, estuve deprimida durante seis años. Me carcomía la culpa, porque me veía como una mala madre incapaz de estar a la altura.

Mi marido no lo soportó más y nos divorciamos. Yo me desesperé pensando qué sería de nosotras sin él. Pero ya la primera semana me sentí más tranquila, porque no había nadie dándome la lata sin parar.

Me di cuenta de que tenía más tiempo para mí y para la niña, porque ya no tenía que estar detrás de aquel vago quisquilloso. Al mes era otra persona; hasta mis amigas notaron que tenía mejor cara. Lo curioso es que me había acostumbrado tanto a su comportamiento que ni se me pasó por la cabeza buscar en él la raíz del problema.

Vaya sorpresa

Resultó que mi "psicosis" venía de que él no daba ni golpe y yo llevaba un año entero sin dormir. Y añado que mi suegra y mi cuñada también formaban parte del problema.

Dos niños en casa

De repente, tras nacer mi hijo, tenía tantísimo que hacer que no sabía ni por dónde empezar. Y entonces caí en la cuenta: mi exmarido ya era, de por sí, como otro hijo, pero un hijo malcriado y desagradecido. Encima de él, cuidar también de un bebé era demasiado.

En cuanto me quité de encima esa carga, todo se volvió más fácil. Atender a mi bebé era ligero y hasta placentero; atenderlo a él, en cambio, era un fastidio sin recompensa alguna.

Paz por fin

No entendía que no podía acostarme con él todos los días: mi cuerpo aún se estaba recuperando, mi libido estaba por los suelos y llevaba cuatro meses sin dormir bien por el bebé.

Cada día me insistía con lo mismo y cada día terminábamos discutiendo. Al final se me encogía el estómago cada vez que oía la llave girar en la cerradura, porque significaba que había vuelto. Cuando me mudé con mi hijo, todo se colocó en su sitio.

¿Para qué?

Hasta el día de hoy no entiendo por qué me suplicaba tener un hijo si no tenía la menor intención de ocuparse de él. Ni de él ni de mí, porque no le gustaba cómo había cambiado mi cuerpo tras el embarazo.

Y lo mejor de todo: durante años creí que estaba loca, que el problema era yo. Luego resultó que, sin él al lado, estaba perfectamente.

¿La depresión posparto puede confundirse con el agotamiento por la pareja?

Según estos testimonios, sí. Varias mujeres cuentan que sus síntomas desaparecieron al alejarse de su pareja, lo que sugiere que la fuente de su malestar era la relación, no la maternidad en sí.

¿Por qué algunas madres se culpan a sí mismas?

Muchas se ven como "malas madres" incapaces de afrontar la situación, sin sospechar que gran parte de la carga viene de una pareja que no colabora. Como cuentan aquí, a menudo tardan años en buscar la causa fuera de ellas mismas.

¿Qué cambió realmente en estas historias?

En casi todos los casos, lo único que cambió fue la relación. Al separarse o al reemplazar a una pareja que no ayudaba por una que sí, estas mujeres describieron sentirse más tranquilas, descansadas y felices en cuestión de semanas.

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