Milímetro
Soy diseñador gráfico y cuando el jefe o el cliente me pide mover algo unos milímetros a la derecha o a la izquierda en el diseño, no lo hago. Sé que solo piden ese cambio porque pueden hacerlo. No cambio nada, pero lo envío y pregunto: “¿Así está bien?” Y siempre me responden que sí, que ahora se ve mucho mejor.
Ropa informal para la oficina
En la oficina —sin sentido, porque nunca recibimos clientes— la vestimenta business casual es obligatoria. Como paso mucho tiempo de pie y corriendo, necesito zapatos cómodos. Lo solucioné comprando unas sandalias negras cerradas y pegándoles un clip dorado en forma de cubo. Así se volvieron tan “informales” que hasta mis compañeros me felicitaron. (Son de ante, pero les dije que eran de gamuza y nadie dudó.) Como el código no especifica el estado de la ropa, llevo año y medio sin planchar. Me lo han mencionado, pero me ascienden cada año, así que no me importa si mi blusa está un poco arrugada.
Respeto
Si un cliente es grosero conmigo, escribo su nombre en minúsculas en la factura. Mi nombre a menudo se escribe mal, y entonces en la respuesta por email aumento el tamaño de la letra de mi nombre. Si lo vuelven a escribir mal, lo agrando aún más hasta que se den cuenta.

El lugar
Uno de los jefes va en bici y siempre aparca en su “lugar favorito”. Yo también voy en bici y siempre que puedo, aparco en su lugar. El espacio para bicicletas no está asignado a nadie, como los estacionamientos de coches, así que no puede hacer nada.
Pequeños detalles
Cuando estoy en el banco, siempre me guardo un bolígrafo. Me quitan tanto dinero que esto es lo mínimo. En una entrega de premios, si ganaba alguien que no me agradaba, no aplaudía. Siempre cargo mi teléfono en el trabajo usando su electricidad y también hago mis necesidades ahí: me gusta sentir que cobro por hora para aliviarme y además ahorro papel higiénico.
Insectos
El asiento de mi coche de trabajo está infestado de chinches. Se lo he dicho varias veces a mi jefe, pero no hace nada porque cree que se debe a las personas que llevo. Por eso, cada vez que encuentro un insecto, lo pongo en un — reservado para esto — frasco de conserva y lo libero en la oficina del jefe.

Hamburguesa
Trabajo en una hamburguesería y si un cliente se comporta groseramente, dibujo un pene con kétchup en su hamburguesa. A los clientes que se quejan y causan problemas siempre les miro la cabeza al revés mientras hablan, y eso los desconcierta.
El jabón
Tenía unos ocho años cuando por primera vez dije una palabrota delante de mis padres, y ellos decidieron castigarme haciendo que lamiera un jabón diez veces. En señal de rebeldía, mordí un gran trozo del jabón y, aunque gritaban asustados, lo masticé y me lo tragué. Me tuvieron que llevar al médico y vomité, pero desde entonces dije todas las palabrotas que quise. (Al final lograron su objetivo, porque al no estar prohibidas las malas palabras, ya no sentí la necesidad de decirlas.)
Descanso
No fumo y cuando mis compañeros salen a fumar, me niego a trabajar hasta que regresen. Si ellos tienen derecho a un descanso, yo también.
Pequeñas victorias
No actualizo mi teléfono. Si alguien me corta el paso en coche, le hago un gesto bajo el tablero. No uso las cajas de autoservicio. Primero, porque no trabajo en la tienda, y segundo, porque no quiero que el cajero pierda su empleo por mi culpa.











