Vivir en pareja es maravilloso. Hasta que te das cuenta de que esa persona que amas tiene ciertos hábitos que te sacan de quicio de una manera que no creías posible. Lo mejor de todo es que no eres el único. Aquí van algunas confesiones que te harán sentir muy, muy acompañado.
El aparcamiento perfecto no existe
¿Alguien me puede explicar por qué mi novio pasa de largo unos quince sitios de aparcamiento perfectamente válidos hasta encontrar el que le convence? Y cuando por fin lo encuentra, resulta ser el más pequeño del parking o está justo al lado de un charco enorme. ¿Es cosa suya o todos los hombres hacen esto?
"Nada, déjalo"
Lo que me vuelve completamente loca de mi marido es que me habla exactamente al mismo volumen sin importar dónde esté yo ni qué esté haciendo. Da igual que esté en el piso de arriba, secándome el pelo, con la lavadora en marcha o haciendo ruido con los platos: él empieza a decirme algo. Le pregunto que qué ha dicho. Lo repite igual de bajo. No le entiendo. Dejo lo que estoy haciendo, me acerco para ver qué quiere... y entonces me suelta: "Nada, déjalo." En ese momento podría cometer un crimen.
Él siempre sabe un camino mejor
Jamás hace caso al navegador porque él siempre "conoce una ruta mejor". Esa ruta misteriosa suele añadir al menos media hora al viaje. Pero claro, él lo sabe todo.
El bostezo olímpico
Bosteza a pleno pulmón. Con un volumen tan escandaloso que estoy convencida de que se oye en el edificio de enfrente. Llevamos 16 años juntos y nos hemos adaptado en casi todo, pero esto... esto no hay manera de asumirlo.
El reorganizador de cocinas
Las rarísimas veces que mi marido friega los platos, reorganiza media cocina para que le resulte cómoda a él, que es zurdo. Que yo, que soy diestra y cocino todos los días, tenga que encontrar luego las cosas en sitios absurdos, le importa bien poco.
Conduce como si tuviera todo el tiempo del mundo
Nunca fue ningún piloto de carreras, pero a medida que "envejece" (tiene 42 años) conduce cada vez más despacio. Ni aunque lleguemos tarde mete un poco más de gas. Te juro que al volante parece una abuelita de 90 años con todo el tiempo del mundo.
¿Por qué no te vistes?
Mi mujer sale del baño envuelta en una toalla, se sienta en el sofá a ver lo que estoy viendo en la tele y se queda ahí durante horas, solo con la toalla puesta. ¿Por qué no secarse en el baño y ponerse ropa como una persona normal? Lo peor es que después se queja de que tiene frío...
El microondas eterno
Mi novia mete algo a calentar en el microondas y lo abandona ahí durante media hora. Yo escucho el pitido irritante cada minuto hasta que no aguanto más y lo saco yo. Para entonces la comida ya está fría, así que ella lo vuelve a meter a calentar... y vuelve a olvidarse. Un ciclo sin fin.
Todo sabe mejor con mayonesa (según ella)
Mi mujer lo ahoga todo en mayonesa. Un filete caro en un restaurante, una pechuga al vino tinto que he cocinado con todo mi cariño, unos simples nuggets de pollo: todo recibe el mismo tratamiento. Un buen chorro —o más bien un cubo— de mayonesa por encima. Todo.
El zapping infinito
Mi novia se sienta delante de la tele y empieza a hacer zapping sin parar. Comienza a ver una película, cambia a un reality, de ahí salta a un programa de cocina, vuelve a la película y entonces me pregunta qué ha pasado mientras no estaba mirando. Siempre.
No es lo mismo, cariño
Mi marido considera que es el mismo sacrificio que yo le acompañe a pescar un día entero (odio la pesca, me muero de aburrimiento) que él venir conmigo hora y media a hacer la compra, porque eso para él es "la hora y media más larga de su vida". No, no es lo mismo.
El flash humano
Mi mujer usa el móvil con el brillo al máximo, así que cada vez que me quiere enseñar algo me quedo literalmente cegada. Como si me apuntara con un foco directamente a los ojos.
Siempre en medio
Cuando bajo al garaje a arreglar el coche, mi novia baja también y se coloca exactamente donde más molesta. Le traje incluso un taburete para que se sentara cómodamente a un lado, pero no: prefiere plantarse justo en el sitio donde necesito estar.
La colección de ropa de cama
Mi mujer es incapaz de resistirse a la ropa de cama. Compra un juego nuevo como mínimo una vez al mes. Ya no caben en el armario. Podríamos cambiar las sábanas cada semana durante años sin lavar nada... y aun así siempre usamos los mismos tres juegos de toda la vida.
Justo entonces
Limpio el baño a fondo. Brilla durante aproximadamente dos minutos. Y entonces entra mi marido —siempre, siempre en ese momento— y se pone a afeitarse. Él, que normalmente no se afeita nunca, solo lo hace cuando el baño está recién fregado. El resultado: el espejo lleno de salpicaduras de espuma, la toalla hecha un gurruño y pelos en el lavabo. Cada. Vez.
¿Te has sentido identificado con alguna de estas situaciones? La convivencia en pareja tiene estas cosas: los pequeños hábitos del otro pueden ser más desafiantes que cualquier gran problema. Pero también son, con el tiempo, parte de lo que hace única a cada relación. Aunque el baño recién limpio siga siendo territorio sagrado.











