Las tiendas de segunda mano y de caridad pueden ser verdaderos tesoros: económicas, sostenibles y a menudo con piezas únicas. Sin embargo, hay objetos que representan más un riesgo que una buena oportunidad. Los expertos en decoración coinciden en que la seguridad, la higiene y la salud son más importantes que un precio bajo en ciertos casos.
Antes de lanzarte a por una ganga sospechosamente buena, vale la pena leer qué 11 objetos es mejor evitar a distancia en las tiendas de segunda mano, según expertos consultados por Good Housekeeping.
Colchones
Por muy tentador que sea su precio, los colchones usados son verdaderos "peligros invisibles". Ácaros, chinches, bacterias y alérgenos pueden esconderse en ellos, y además su soporte suele estar desgastado. Dormir bien vale más que ese riesgo.
Aparatos eléctricos y lámparas antiguas
Aunque aporten un aire vintage, los cables de los aparatos eléctricos antiguos suelen estar deteriorados. Una lámpara antigua o un electrodoméstico retro pueden ser un riesgo de incendio o descarga eléctrica, y a simple vista es casi imposible saberlo.
Vajillas y vasos de uso cotidiano
Platos pintados, copas de cristal y ollas antiguas son bonitas, pero pueden ser peligrosas. Antes de los años 70 no se regulaba estrictamente el plomo, por lo que estos objetos pueden liberar sustancias dañinas, especialmente si están agrietados o astillados.
Muebles para bebés
Una cuna o cambiador antiguo puede ser entrañable, pero las normas de seguridad cambian constantemente. Un mueble usado para bebés puede no cumplir con los estándares actuales o tener daños ocultos.
Sillas de coche y cochecitos para niños
No hay lugar para compromisos con estos objetos. Una silla de coche que haya sufrido un accidente puede ser peligrosa y muchos modelos tienen fecha de caducidad. En los cochecitos, las grietas o desgastes ocultos también pueden ser un problema.
Cascos
Los expertos también desaconsejan comprar cascos usados para bicicleta o patineta. Tras un golpe, aunque no se note, la capa protectora interna probablemente ya no ofrece la protección adecuada. Además, no son ideales desde el punto de vista higiénico.
Peluches
Por muy adorables que sean, los peluches usados pueden albergar alérgenos, bacterias e incluso chinches. Lavar no siempre soluciona el problema.
Ropa de cama y almohadas
En sábanas, edredones y almohadas, también es difícil eliminar por completo la presencia de ácaros y alérgenos. En textiles, las alfombras en buen estado pueden ser una opción más segura, ya que se limpian profesionalmente.
Muebles de ratán o mimbre dañados
Una silla de mimbre desgastada puede parecer romántica, pero repararla es complicado y caro. Lo que parece un defecto pequeño puede convertirse en un problema estructural serio.
Tablas de cortar de madera
Las bacterias se alojan fácilmente en los poros de la madera y son difíciles de eliminar incluso con limpieza profunda. Una tabla de cortar usada es mejor para decoración — no se recomienda para uso en cocina.
Juguetes para bebés
Los niños crecen rápido y muchos padres buscan juguetes usados. Es una buena idea, pero solo si el juguete se puede lavar y desinfectar bien, y no tiene piezas rotas o sueltas.
Atención especial
Muchos fallan al comprar en mercadillos porque no distinguen entre "bonito" y "útil". Un plato, jarrón o lámpara antigua puede ser una decoración excelente, pero cambia mucho si se usa a diario. Cuando el objeto está en contacto con comida, calor, electricidad o niños pequeños, la estética no basta.
Ir de mercadillo es una experiencia genial y una decisión consciente, pero no siempre vale la pena arriesgarse. Si dudas sobre un objeto, confía en tu intuición y recuerda: la salud y la seguridad siempre son lo primero, más que una buena oferta.











