Amo los libros con pasión. Es mi afición favorita desde que era niña. Mientras vivía con mis padres nunca fue un problema: teníamos una casa lo bastante grande como para absorber todo lo que acumulaba. La cosa se complicó cuando empecé a vivir por mi cuenta y, poco a poco, mis propios libros casi me comieron viva.
Mi pequeño piso del centro se volvía cada vez más caótico por su culpa. No era capaz de deshacerme de los antiguos, y los nuevos los necesitaba. Al final mi pareja me lo dijo claro: teníamos que buscar una solución. Tenía razón. No fue fácil admitirlo, pero la tenía.
El cambio de mentalidad
El primer giro, y el más importante, llegó cuando dejé de ver mi colección como un todo intocable que había que conservar entero. Empecé a mirarla como algo vivo, que puede cambiar.
Hay libros que voy a releer, otros que voy a recomendar a alguien, y otros que ya han cumplido su función. Estos últimos no tienen por qué quedarse para siempre en la estantería. No significa que haya que tirarlo todo, pero no todos los libros son iguales, ni hay que conservarlos todos de la misma manera.
Soltar sin sentir que pierdes
Soltar no significa necesariamente tirar a la basura, y darme cuenta de eso me ayudó muchísimo. Muchas librerías de viejo compran libros y, a cambio, te dan dinero o un crédito para gastar en nuevos ejemplares. Esto último es un poco irónico para alguien que acumula libros, pero al menos lo que tenías vuelve a circular.
Los grupos de intercambio de libros, que encuentras tanto en redes como en comunidades locales, también son una gran opción para que un libro no acabe en la basura, sino en manos de alguien que justo lo necesita. A mí lo que más me ayudó fue precisamente esa sensación: no lo estoy perdiendo, lo estoy pasando.
La biblioteca como alternativa
Durante mucho tiempo no me la tomé en serio, porque tenía la idea de que si un libro me gustaba, tenía que ser mío. Luego me di cuenta de que la mayoría de los libros los leo una sola vez. Una. Después se quedan ahí, me hacen sentir bien, pero en realidad no vuelvo a tocarlos.
Pedir prestado en la biblioteca no es renunciar al amor por los libros; es más bien una decisión sensata sobre qué libro merece de verdad un hueco en la estantería. Si lo leo y sé que voy a volver a él, lo compro. Si probablemente no, la biblioteca lo resuelve a la perfección.
Aprovechar cada centímetro de espacio
Cuando ya has decidido qué libros se quedan, llega la pregunta física: dónde ponerlos. En un piso pequeño, las paredes son tu mejor aliado, sobre todo las que sueles dejar vacías.
- Estantes sobre las puertas: ofrecen sorprendentemente mucho espacio y casi nadie piensa en ellos a la primera.
- Cajas planas bajo la cama: perfectas para libros de formato pequeño y de poca altura.
- Los peldaños de una escalera interior, si la tienes, se convierten fácilmente en estanterías improvisadas.
- Estantes de esquina: rescatan esos rincones que, si no, quedan totalmente desaprovechados.
Y no da igual cómo colocas los libros. La disposición clásica, con el lomo hacia fuera, consume mucho espacio también a nivel visual. Mucha gente opta por apilarlos tumbados, unos sobre otros: así caben más volúmenes en el mismo hueco y, de paso, el conjunto queda mucho más limpio y ordenado.
La cuestión del libro electrónico
Sé que es un tema que divide. Para muchos amantes de la lectura, el libro electrónico no es un libro de verdad, y entiendo esa sensación: el tacto del papel, pasar las páginas, el olor… todo forma parte de la experiencia. Pero hay un punto medio que a mí me funciona.
Los favoritos que pienso releer, los ejemplares regalados o con valor sentimental, se quedan en papel. Las lecturas más ligeras y de una sola vez, esa novela negra que voy a leer y probablemente nunca vuelva a abrir, llegan en formato digital. No es renunciar a un principio, sino asegurarme de que el sitio en la estantería lo ocupan los libros que de verdad lo merecen.
Dónde estoy ahora
Mi pareja tenía razón, y hoy lo digo con alegría. No tenía que renunciar a los libros, sino a la creencia de que cada uno de ellos debía quedarse conmigo para siempre. Mi casa sigue llena de libros, solo que ahora el espacio también respira entre ellos.
¿Cómo decido qué libros conservar?
La clave está en dejar de ver la colección como algo intocable. Quédate con los que vas a releer o tienen valor sentimental, y deja marchar los que ya cumplieron su función.
¿Qué hago con los libros que no quiero tirar?
Puedes venderlos en librerías de viejo a cambio de dinero o crédito, o pasarlos por grupos de intercambio para que lleguen a alguien que los necesita. Así no acaban en la basura.
¿Renunciar al papel por el libro electrónico?
No hace falta elegir. Reserva el papel para tus favoritos y los libros con valor sentimental, y usa el formato digital para las lecturas ligeras que probablemente no vuelvas a abrir.
¿Cómo gano espacio en un piso pequeño?
Aprovecha las paredes vacías, los estantes sobre las puertas, las cajas bajo la cama y las esquinas. Apilar los libros tumbados también permite meter más volúmenes en el mismo hueco.











