A todas nos ha pasado alguna vez: intentas algo nuevo con tu pelo, tu piel o tu maquillaje... y el resultado es un desastre absoluto. Estas 12 historias reales, recopiladas por BuzzFeed, van desde lo vergonzoso hasta lo directamente doloroso. Lo mejor de todo: son completamente ciertas.
El flequillo que nunca debió existir
Con 11 años decidí cortarme el flequillo yo sola. Lo corté demasiado, así que intenté disimularlo... afeitándolo del todo y cubriéndolo con betún para zapatos. El resultado fue que pasé todo séptimo curso peinándome con la raya al lado para tapar el desastre. Lección aprendida.
Pelo mojado + plancha = error de manual
En el primer año de instituto escuché que se podía planchar el pelo mojado. Spoiler: no. Me quemé tanto el cabello que tuve que cortármelo a lo bob para eliminar los daños. Chicas, por favor, no lo intentéis en casa.
La entrevista de trabajo más hinchada de la historia
Tenía una entrevista importante y estrené un corrector nuevo justo antes de salir. A los treinta minutos empezó a picarme, luego a escocerme. Cuando llegué, tenía los ojos tan hinchados que parecía haber llorado durante horas. Lo increíble es que me dieron el trabajo de todas formas.
Mascarilla de leche en el día de las fotos del colegio
Leí que aplicar leche en el pelo lo dejaba liso. Lo hice sin investigar más, con el pelo seco, justo el día de las fotos del colegio. Olí a leche agria durante todo el día y tuve que fingir que el olor no venía de mí. Las fotos quedaron... memorables.
Las cejas que desaparecieron
Siempre tuve las cejas muy pobladas y un día, en el colegio, decidí arreglarlas yo misma. Fui depilando de un lado y del otro intentando igualarlas hasta que me di cuenta de que había arrancado más de la mitad de cada ceja. Ninguna tenía ya "cola". Esperé que nadie se diera cuenta. Me equivoqué.
El susto del gato y las pestañas arrancadas
Estaba rizándome las pestañas cuando mi gato me rozó la pierna de repente. Del susto di un salto y me arranqué todas las pestañas de golpe. Las seis semanas que tardaron en crecer me convirtieron, por necesidad, en toda una experta en pestañas postizas.
La depilación de bikini que salió muy, muy mal
Intentando hacerme la depilación de la zona del bikini en casa, conseguí el doble logro de quemarme la piel y pegarme las nalgas al mismo tiempo. Sin más comentarios.
El lápiz de ojos que acabó en urgencias
Estaba perfilando el interior del párpado superior con mucha concentración cuando una astilla enorme del lápiz se me clavó en el ojo. Me arañó la córnea y tuvieron que darme la vuelta al párpado en urgencias para extraerla. Desde entonces, solo lápices automáticos.
El iluminador que brillaba literalmente en la oscuridad
Me hicieron un mini maquillaje en Sephora y la maquilladora hizo un trabajo precioso. Esa misma noche salí de fiesta para lucirlo, pero al entrar a la pista de baile noté que mis manos brillaban. Resulta que tenía pigmentos fluorescentes en la frente, la nariz, las mejillas y el mentón. La maquilladora me había dicho que ese producto daría "luminosidad" a mi rostro. No mentía.
El autobronceador antes del baile de graduación
Dos días antes de la graduación me apliqué spray bronceador y toallitas autobronceadoras. El gran día, durante las fotos de grupo, miré hacia abajo y vi que tenía la piel llena de ampollas: me había quemado por estar demasiado tiempo al sol. Para cuando terminaron las fotos, se me desprendió un trozo de piel del pecho del tamaño de un folio. Y como llevaba el autobronceador encima, esa zona quedó blanca como la nieve. Perfecta para el recuerdo.
La mascarilla de plátano que se convirtió en pegamento
Leí que el plátano era perfecto para hacer una mascarilla capilar, así que aplasté varios y me los puse en el pelo. Al aclarar con agua caliente, el plátano se transformó en algo con textura de plástico. Mi cabello se convirtió en una masa apelmazada enorme y tardé unas cinco horas, entre lágrimas, en conseguir desenredarlo y eliminar todos los restos.
La primera pedicura que terminó en quirófano
Me hice mi primera pedicura en un salón recién abierto. La consecuencia fue la infección más dolorosa de mi vida, varias rondas de antibióticos y tres operaciones para extirparme la uña del dedo gordo del pie. Ocho años después, por fin tengo una uña normal.
¿Te ha pasado algo parecido? Estas historias nos recuerdan que los errores de belleza son casi un rito de iniciación universal. La próxima vez que algo salga mal frente al espejo, al menos sabrás que no estás sola.











