Robert Sternberg, psicólogo estadounidense, definió tres condiciones esenciales para que una relación madura funcione.
- La primera es la intimidad, que representa la cercanía, el apego, la apertura personal, la confianza y la conexión emocional.
- La segunda es la pasión, la fuerza motivadora interna, la atracción, el deseo y el interés erótico que nos acerca a la otra persona.
- La tercera es el compromiso, la decisión de invertir energía en la relación.
Uno de los mayores obstáculos en el matrimonio es la ausencia de estos componentes, pero también pueden generar problemas si se dañan de alguna manera.
Román Boglárka, terapeuta de pareja y familia, y psicóloga sexual, explica que las dificultades en la relación pueden tener muchas causas, como traumas infantiles, patrones negativos heredados o situaciones no resueltas, que fácilmente generan tensión o desequilibran la balanza del vínculo.
El “yo” puede tomar protagonismo frente al “nosotros”. En esos momentos, podemos sentirnos atrapados, ver a nuestra pareja como un adversario en lugar de un compañero.
Cuando llegamos a este punto, el matrimonio suele dejar de ser un espacio de crecimiento conjunto y se convierte en un estancamiento compartido, aunque podría ser justo lo contrario. Con la ayuda del psicólogo, reunimos tres señales típicas que indican que es momento de trabajar en la relación.

No te sientes atractivo junto a tu pareja
Si no te sientes cómodo en tu piel, vale la pena investigar por qué. Aunque puede ser un problema personal, también es posible que el comportamiento de tu pareja afecte cómo te sientes. “En estos casos, podemos abordar la situación desde dos ángulos”, explica Román Boglárka.
“Primero, podemos estar insatisfechos con nosotros mismos, con baja autoestima y confianza. Segundo, y aquí entra la pareja, puede que falten los comentarios positivos que nos hacen sentir bien, o incluso hayan sido reemplazados por críticas hirientes.
Si no recibimos retroalimentación de nuestra pareja, intentemos darla nosotros primero. Expresa pensamientos positivos y pide que él o ella también haga más cumplidos. Si los comentarios dañinos aumentan, es fundamental señalarlos y buscar juntos la raíz del problema.”
Se rompe la intimidad sexual
El psicólogo nos anima a no preocuparnos si el deseo baja a veces; es normal que en una relación larga haya altibajos en la pasión.
“Cuanto más enamorados estamos, más queremos abrirnos, ser curiosos, receptivos y atentos” – comenta el psicólogo.
“Pero cuando nos abrimos por completo, la relación puede volverse predecible y aparecer el aburrimiento.” El consejo es sentir un poco la ausencia del otro. La dinámica de “alejarse y acercarse” puede ser estimulante.
“Si nos sentimos demasiado distantes, empecemos a expresar y compartir conscientemente nuestros sentimientos. Añadamos fantasía y creatividad a la rutina, enfoquemos nuestra atención en la pareja. Comuniquemos, enviemos mensajes picantes, organicemos citas especiales. Esfuércense en sorprenderse mutuamente y dedicar tiempo de calidad.”
No hay un proyecto común
Si notan que ya no se comunican tanto, toman decisiones por separado, no se prestan atención ni a sí mismos ni a la relación, y no quieren crecer juntos, es una señal fuerte de que algo debe cambiar. “Lo mejor es volver a comunicarse y replantear cómo funciona la relación”, aconseja Boglárka.
“Creen juntos nuevas direcciones que funcionen para ambos. Establezcan nuevas reglas, hablen de todo: reparto de tareas, finanzas, hijos, educación o gestión del tiempo.
Y una vez más, les digo que intenten acercarse de nuevo. Si pueden reconocer y mostrar sus diferencias, podrán trabajar para llegar a acuerdos y compromisos. Así, podrán construir nuevos planes juntos, de la mano.”
Ambos son responsables de mantener y transformar la relación. ¡Nunca lo olviden!











