¿Tú lo habrías aguantado si tu pareja se comportara así?
Hay rupturas que cuesta muchísimo superar. Y luego están estas: relaciones tan increíbles que, al escuchar la historia, solo puedes decir una cosa. Espero que lo dejaras. De verdad.
Hemos reunido algunos de los relatos más alucinantes que nos han llegado de nuestras lectoras. Prepárate, porque vas a querer reír y llevarte las manos a la cabeza al mismo tiempo.
El cliente que pagaba
Escribía a chicas por Facebook para ofrecerles dinero si le mandaban fotos y vídeos desnudas. Todas tenían algo en común: cada una llevaba una parte del cuerpo escayolada.
Así fue como descubrí que eso también es un fetiche. La escayola.
El mensaje
Era nuestra tercera cita. Empezaba a colarme por él y a creer que de aquello podía salir algo bonito. Estábamos en un restaurante carísimo, pidió pescado y se levantó para ir al baño.
Veinte minutos después me llegó un mensaje: que lo sentía mucho, pero se lo había hecho encima y tenía que irse a casa.
Al principio pensé que era una broma. No lo era. Me pidió que le enviara una petición de Bizum y me transfirió el dinero justo para cubrir la cena y mi taxi de vuelta. Luego escribió que, después de semejante vergüenza, esperaba que lo entendiera si no volvía a buscarme.
El shock
Llevábamos ocho meses juntos y ya era su prometida cuando, un día, apareció con tres niñas y un niño diciendo que eran sus hijos. Su madre —que, por cierto, era su mujer— estaba ingresada en el hospital, así que iban a vivir con nosotros una temporada.
Ni siquiera podía montar una escena delante de aquellos pobres críos, así que, aturdida, cogí el abrigo y me marché. Dos días más tarde, cuando la vecina me avisó de que toda la tropa había salido de casa, recogí mis cosas, dejé las llaves y el anillo sobre la mesa de la cocina y lo bloqueé en todas partes.
El momento elegido
Me confesó que me había sido infiel el mismo día en que murió mi madre.
El chivo expiatorio
Estábamos de visita en casa de sus padres, un caserón enorme y lujoso. Fue cuando me presentó a ellos y, aunque mis futuros suegros eran gente distante y espantosamente esnob, la velada fue bien. Por la noche nos retiramos a nuestra habitación y nos bebimos media botella de licor.
De madrugada mi novio me despertó presa del pánico: se había hecho caca en la cama e insistía en que les dijéramos a sus padres que había sido yo, porque «no podía permitirse arruinar su reputación delante de ellos». Me dio pena la relación que tenía con su familia, pero no pensaba cargar yo con su incontinencia.
Al final desapareció, triste, con las sábanas sucias y volvió con unas limpias. Por la mañana, al despedirnos, su madre me abrazó y me dijo que no me preocupara por el pequeño accidente, que le puede pasar a cualquiera. Le respondí que no había sido yo, sino su hijito.
Me dejó —porque lo había «traicionado»—, pero no me importó, porque de todas formas no quería volver a despertarme en una cama llena de caca.
El escondite secreto
Su perdición fue que yo limpio a fondo, muy a fondo. Por eso encontré su colección de porno en un escondrijo. Y no habría sido ningún problema… de no ser porque era porno gay.
La testigo
Todos tenemos en la vida a esa persona que quedó como un eterno interrogante. La categoría del «¿y si…?», ese alguien con quien las circunstancias nunca te dejaron estar. Para mi prometido esa persona era una antigua compañera del instituto, Andrea.
Durante nuestros cinco años juntos oí hablar mucho de ella y, en el fondo, siempre sentí celos. Pero no me preocupaba, porque vivía en el extranjero y no tenían ningún contacto. Y entonces, dos semanas antes de la boda, se me planta delante y me suelta que Andrea ha vuelto a vivir aquí y que le ha pedido que sea la testigo de nuestra boda.
Y lo dijo como si fuera lo más natural del mundo. Yo, literalmente, me mareé y tuve que sentarme. Por supuesto protesté, pero él actuó como si yo estuviera exagerando y aquello acabó en una discusión monumental.
Total, para no alargarme: cancelamos la boda, nos separamos y él está ahora con Andrea. ¡Que sean muy felices!
¿Qué significa la categoría "espero que lo dejaras"?
Son historias de relaciones tan surrealistas o dañinas que, al escucharlas, lo único que puedes desear es que la persona haya puesto fin a esa relación.
¿Estas historias son reales?
Son relatos que nos han llegado de lectoras que decidieron compartir sus experiencias de pareja, desde las más divertidas hasta las más impactantes.
¿Por qué leer historias así puede ayudar?
Ver estos casos extremos ayuda a poner en perspectiva la propia relación y a reconocer señales que quizá pasamos por alto en el momento.











