Círculo vicioso
Certificar el conocimiento es necesario porque los empleadores ponen el listón muy alto. No tanto por el saber o el carácter, sino por la cantidad de diplomas. Es un círculo vicioso que parece beneficiar a todos, ya que hasta para ser limpiador se exige un título. Mientras tanto, lamentamos la situación y muchos talentos con verdadero interés se pierden, porque los valores han cambiado desde hace tiempo.
El deber del niño es aprender

Sí, el deber del niño es aprender, no solo terminar la escuela. Que aprenda a vivir feliz y pleno, sin caer en el hedonismo. Pero la universidad se reduce a los exámenes y las fiestas. Por más que repitamos clichés a un joven, vivirá según cómo lo hayamos criado. Si no le enseñamos a estudiar por el placer de aprender y a aplicar ese conocimiento en la vida diaria, solo será un humano con mucha información desconectada, que no rendirá en su trabajo como se espera por sus títulos.
Los jóvenes adultos
Los jóvenes de hoy prueban rápido la responsabilidad, frente a las expectativas que les proyectan las escuelas y padres temerosos del fracaso.
Y no la quieren. Con razón, porque esa imagen orientada al éxito daña el alma infantil y adolescente, impidiendo que aprendan a vivir. Así, cuando llega el momento de elegir carrera o vocación y decidir como adultos, suelen optar por continuar estudiando sin interés. Alargando así la irresponsabilidad real, la "infancia".
La trampa
Cientos de jóvenes pierden tiempo esperando que algo cambie. Ya nadie dice: hijo, necesitas un buen oficio. No hay formación adecuada ni oportunidades para que el joven adulto se independice. Y si debe ser empleado, que al menos sea cómodo y con mejor sueldo. El joven que solo se motiva por dinero y miedo a la inseguridad no dominará nada a fondo, aunque sepa un poco de todo. Así se diluyen las profesiones que exigen título.
Triunfar en la vida
Un joven con varios títulos parte con más desventajas que uno sin ninguno. ¿Por qué?
1. Desde la adolescencia, su enfoque está en seguir estudiando y destacar, no en desarrollar una personalidad auténtica. Esto dificulta que vean la vida y a sí mismos de forma saludable.
2. Su motivación no se basa en sueños constructivos ni en crecer como persona, sino en alcanzar el éxito según el concepto actual. Por eso no experimentan el verdadero éxito, que suele traer felicidad y equilibrio, y evitan problemas emocionales.
La visión de futuro

Se hacen muchas encuestas sobre los hábitos de consumo y alimentación de estudiantes universitarios, y sobre cuántos logran empleo tras graduarse.
Pero no hay estudios sobre cuántos, con estas condiciones —postergación de responsabilidades, inestabilidad emocional— vivirán una vida activa, feliz y satisfecha.
Hoy, gran parte del consumo lo generan estudiantes, pero el consumo no es una visión de futuro. La verdadera visión es formar una familia estable.
Una posible solución
Ordenemos las ideas desde pequeños: eduquemos para la vida, no para la economía. No malcriemos a los empleadores, que con sus altas exigencias solo quieren sacar lo mejor del conocimiento y práctica del individuo, pero pocos están dispuestos a enseñar un saber real y profundo.
Acumular diplomas sin tiempo ni profundidad para aprender bien una profesión solo genera trabajadores con conocimientos superficiales. A largo plazo, esto no beneficia ni al individuo ni a la sociedad.











