1. Ayuda
No admito cuando no sé algo o no entiendo algo. Prefiero esforzarme y aprenderlo bien antes que pedir ayuda. Sé que es un poco obsesivo, pero gracias a eso ya sé, siendo mujer, cómo arreglar agua y electricidad. Tampoco me asustan una caldera de gas, conectar una lavadora o reparar un coche.
2. Limpieza para descargar la ira
Algunos lloran, gritan o beben cuando están enfadados; yo canalizo mi ira en algo muy útil: limpiar. Creo que no hay mejor manera de liberar tensión. Si alguien me saca de quicio en el trabajo o discuto con mi pareja, abro el armario, saco la aspiradora, la fregona, el plumero y los productos de limpieza. Con mis “herramientas de relax” me pongo a limpiar la casa. Cuando termino de desempolvar, limpiar y fregar con rabia, me siento cansada pero tranquila.
3. Despedida
Dejo ir a las personas rápido, como un soplo. ¿Se acabó una relación? Otros se lamentan semanas o meses, yo decido que esa persona ya no existe para mí y punto. ¿Un conocido me hizo daño? Lo bloqueo en redes sociales, lo saco de mi corazón y no vuelvo a pensar en él. Nunca me arrepiento de esta decisión ni miro atrás.

4. ¡Vamos!
No puedo hablar de mis sentimientos. Por eso, cuando tengo un desamor, no lloro con mis amigos, sino que salgo a correr. ¿No respondió el chico al mensaje? ¿Ha pasado una semana desde la cita y no se ha comunicado ni ha dicho que todo terminó? Me pongo las zapatillas imaginarias y corro para sacar la tristeza. Es una forma muy saludable y deportiva de curar un corazón roto.
5. Desconexión
Creo que se llama disociación cuando el cerebro se apaga o se distrae en una situación incómoda. Yo lo hago muy bien. ¿Reunión aburrida, jefe regañándome, mi madre sermoneando o mi amiga haciendo un drama? En esos momentos “desconecto”, es decir, me aparto mentalmente de la situación.
6. Turnos extra
Acepto todos los turnos extra. Si hay que cubrir a alguien o surge trabajo adicional, me ofrezco compulsivamente. No es bueno para mi descanso, pero sí para mi bolsillo.

7. Evitación
Tengo fobia al conflicto. Por eso evito obsesivamente cualquier confrontación, discusión o pelea. A veces sería mejor enfrentarse a ciertas cosas, pero no puedo, así que quienes me rodean me ven como una persona tranquila, amable y agradable.
8. Poco saludable
No hago deporte —de verdad, nunca— y no como sano (para nada). Sin embargo, según el chequeo médico anual de la empresa, tengo los mejores resultados con diferencia. Mi presión arterial, ECG, análisis de sangre y orina son perfectos. No me enorgullece ser perezosa, pero sí estar muy saludable a pesar de ello.
9. Privación de sueño
Me las arreglo con poco sueño. Suelo trabajar hasta tarde, luego ver una película y después seguir una hora más en la cama con el móvil. No digo que me levante fresca, pero durante el día funciono bien. Sé que no es saludable dormir tan poco, pero así puedo hacer muchas cosas en mi día.
10. Donación
Este “mal” hábito lo llamo: soy una “donante irresponsable”. Me encanta ayudar a la gente con dinero, tiempo o regalos. Invito a cualquiera a una copa en un bar, si alguien cuenta que desea algo, se lo compro. Ofrezco ayudar a un compañero a mudarse, etc. Algunos se han aprovechado, pero la mayoría está agradecida y eso me llena de alegría.











