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Mis padres se quedaron juntos por nosotros. Ojalá no lo hubieran hecho

Schuster Borka3 min de lectura
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Mis padres se quedaron juntos por nosotros. Ojalá no lo hubieran hecho — Familia

Artículo de opinión: Bárbara López

De niña escuché esa frase muchas veces: "No es fácil, pero nos quedamos juntos por vosotros." Era el punto final de las peleas, el puente hacia las reconciliaciones de mentira, y sobre todo el guion de una obra de teatro colectiva en la que todos fingíamos que los portazos, los platos y los gritos del día anterior no habían ocurrido.

La escuché tantas veces que dejé de cuestionarla. La convertí en un hecho. En algo que debía tomar en serio. En algo por lo que, incluso, debía sentirme agradecida.

De adulta, esa frase se volvió cada vez más difícil de sostener

El matrimonio de mis padres era un espacio de tensión constante, donde incluso las conversaciones más cotidianas cargaban con algo no dicho. Las discusiones no eran una excepción: eran la norma. A veces silenciosas, la mayoría de las veces no.

De niña no lo viví como "esto es un matrimonio infeliz". Lo viví como "así es la vida". Como algo que existe en todas las familias de alguna forma, solo que nadie lo dice en voz alta.

Pero llegó un momento en que crecí, y empecé a ver otras familias. Familias donde la tensión no era el estado por defecto. Donde las conversaciones no estaban llenas de minas. Donde el silencio no era amenazante, sino tranquilo.

Y poco a poco fue tomando forma un pensamiento que tardé mucho en atreverme a formular: quizás habría sido mejor que mis padres se hubieran separado.

No porque no fueran buenos padres. No porque no nos quisieran. Sino porque la calidad de su relación creó un ambiente en el que gran parte de mi infancia transcurrió en tensión.

Un hogar monoparental pero en paz quizás habría sido una base más sólida. Un espacio donde no hubiera que estar pendiente de los cambios de humor, donde no hubiera que leer los conflictos no dichos, donde no hubiera que adaptarse constantemente a la tensión entre dos personas.

En ese contexto, la frase "nos quedamos juntos por vosotros" se vuelve aún más pesada. Porque si te la tomas en serio, en algún punto te conviertes en responsable de una decisión que nunca tomaste. Y cuando lo miras desde la adultez, queda la pregunta: ¿debería estar agradecida por algo que también me hizo daño?

La verdad, claro, siempre es más compleja

Se puede querer a los padres y al mismo tiempo reconocer el impacto que ciertas decisiones tuvieron en nosotros. Se puede sentir gratitud por lo que dieron y tristeza por lo que no pudieron darse el uno al otro.

Y también se puede decir en voz alta que el mayor regalo que unos padres pueden darle a un hijo no es quedarse juntos a cualquier precio. Es garantizarle, al menos, un hogar en calma.

Hoy ya no espero que nadie en mi familia esté de acuerdo con esto. Y tampoco quiero reescribir nuestra historia con carácter retroactivo.

Pero sí he aprendido que detrás de la frase "nos quedamos juntos por vosotros" no solo hay amor. A veces hay miedo, impotencia y quizás autoengaño: la idea de que uno hace el sacrificio por los demás, cuando en realidad lo que ocurre es que no se es capaz de salir de una situación que ya no funciona.

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