Artículo de opinión: Schuszter Borka
Todos tenemos al menos una amiga de la que pensamos que merecería una pareja mucho mejor. Y no es ninguna novedad que, cuando miramos una relación ajena desde fuera, a veces resulta mucho más fácil ver que algo no encaja. Puede que la otra persona sea condescendiente, egoísta, que beba demasiado, que se comporte de forma rara en grupo, o que simplemente nos deje mal cuerpo sin saber muy bien por qué.
Y ahí empieza el dilema: ¿decir algo o mejor callar?
Hace unos meses, una de mis mejores amigas empezó una relación nueva y no tardó en presentarnos a su recién estrenada pareja. Ya después del primer encuentro tuve la sensación de que algo no cuadraba, pero no era capaz de señalar nada concreto. El chico no fue maleducado, no insultó a nadie, no se comportó de forma escandalosa. Y aun así volví a casa pensando: a este hombre, por alguna razón, no consigo cogerle cariño.
Al principio pensé que quizá él tenía un mal día, o lo tenía yo. Luego coincidimos unas cuantas veces más y la sensación seguía ahí. Me di cuenta de que llevaba todas las conversaciones hacia sí mismo, rara vez preguntaba por los demás y, cuando mi amiga contaba algo, muchas veces la interrumpía. Eran detalles pequeños que, por separado, tal vez no significaban nada. Pero juntos iban dibujando una imagen en mi cabeza.
Claro que eso no significa que tenga razón. Es algo que intento recordarme una y otra vez.
Nuestras propias impresiones pueden engañarnos. Puede que esa persona sea simplemente reservada. Puede que estuviera nervioso porque conocía por primera vez a los amigos de su pareja. Y también puede pasar que entre dos personas sencillamente no haya química, y eso no convierte a ninguna de las dos en mala persona.
Seamos sinceros: por muy importante que sea la opinión de nuestras amistades, la pareja de mi amiga no tiene que provocarme una reacción química a mí, sino a ella.
Y mi amiga parece feliz. La veo a su lado como no la veía desde hace mucho. Ríe más, cuenta con más entusiasmo cómo le van los días, hace planes. ¿Quién soy yo para decirle que ha elegido mal?
Al mismo tiempo, tampoco me parece justo barrer todas mis dudas debajo de la alfombra solo porque hablar del tema sea incómodo. Para mí, la amistad no consiste en asentir siempre. Si de verdad estuviera preocupada por ella y me lo callara, probablemente después me preguntaría por qué no dije nada.

La pregunta no es si damos nuestra opinión, sino cómo lo hacemos
Una cosa es decir «Para mí este tío es horrible, déjalo», y otra muy distinta es decir «Me dio algunas impresiones raras, aunque puede que me equivoque. Me da curiosidad cómo lo ves tú».
Creo que solo expresaría mis preocupaciones con firmeza si apuntaran a algo realmente grave. Si viera que su nueva pareja la humilla, la aísla de sus seres queridos, la manipula, o si mi amiga empezara a tener miedo de su propia pareja. En situaciones así, callar no es neutralidad, sino dejadez.
Pero si solo se trata de que alguien no me cae bien, no estoy tan segura de tener que cargar esa impresión sobre la otra persona. Porque la primera impresión no es un hecho. Es solo eso: una primera impresión.
Al final, a mi amiga no le dije nada. No porque el chico me convenciera, sino porque de momento no vi nada que justificara meterme en su relación. Prefiero observar. Escucharla cuando me cuenta. Preguntar. Intentar estar presente en su vida.
Si algún día llega el momento en que de verdad necesite que alguien le diga con sinceridad lo que ve desde fuera, quiero ser yo esa persona a la que pueda acudir con confianza. Y para eso, antes tiene que sentir siempre que no quiero juzgar a su pareja, sino apoyarla a ella.
Quizá ese sea el límite más difícil de encontrar en una amistad. Saber cuándo hay que hablar, y cuándo ayudamos más simplemente dejando la puerta abierta.
¿Debería decirle a mi amiga que su pareja no me cae bien?
No necesariamente. Si solo se trata de una impresión personal sin nada concreto detrás, quizá no valga la pena cargar esa sensación sobre la otra persona. Una primera impresión no es un hecho.
¿Cuándo sí debería hablar?
Cuando hay señales realmente serias: si ves que humillan, aíslan o manipulan a tu amiga, o si ella empieza a tener miedo de su propia pareja. En esos casos, callar no es neutralidad, sino dejadez.
¿Cómo puedo expresar mis dudas sin herirla?
La forma importa más que el hecho de opinar. En lugar de sentenciar, es mejor compartir tu impresión con humildad y preguntarle cómo lo ve ella, dejando claro que quieres apoyarla, no juzgar a su pareja.
¿Y si me equivoco con la primera impresión?
Es totalmente posible. Alguien puede parecer reservado por timidez o por nervios al conocer al grupo de su pareja. A veces simplemente no hay química con esa persona, y eso no la convierte en alguien malo.











