Mejora
Cuando empecé a tomar medicación para el TDAH, mi médico se sorprendió de cuánto mejoraron mis resultados en las pruebas de salud mental en solo cuatro semanas. ¿Sabéis qué ponía en mi historial hasta entonces? “Depresión resistente a la terapia.” No entiendo por qué tuvo que pasar tanto tiempo —desde los 12 años que no me funcionaba ningún tratamiento para la depresión— para que alguien con bata blanca finalmente pensara en hacerme un test de TDAH.
Efectos secundarios
Tomar ISRS, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, me dejó con un soplo en el corazón, todo porque confundieron mis síntomas de TDAH con depresión, gracias por eso…
La que no hace nada
Mi familia me llamaba vaga desde niña, aunque yo siempre me esforzaba. De adulta, mi marido tomó ese papel y solía bromear diciendo que su mujer “le robaba el día”. Yo siempre supe que no era pereza, sino algo que me frenaba, pero no fue hasta los 37 años que un médico me escuchó y confirmó que tenía TDAH.
Milagrosamente, desde que tomo medicación, no tengo problemas para regular mi actividad. Intento no fardar con la familia ni con mi marido sobre el diagnóstico, pero no es fácil, porque durante años sufrí sus comentarios y me hicieron creer que el problema era mi actitud.

Cortes
En la adolescencia me autolesionaba y mis padres y médicos atribuían esto a ansiedad y depresión. Estuve varias veces en el hospital hasta que descubrieron que el TDAH sin tratar y el agotamiento por las expectativas, sobre todo las que yo misma me imponía, eran los causantes.
Rendirse
Tres terapeutas me “dejaron”, es decir, se rindieron porque no podían mejorar mi estado. Recomiendo a toda mujer con ansiedad y depresión que se haga revisar, porque si nada funciona —ni medicamentos ni terapia— es muy probable que tenga TDAH. (En mi caso, fue más difícil porque mi madre, que es profesora, no quería aceptar que su hija tuviera dificultades de aprendizaje).
Dispersa
La escuela fue un infierno para mí, y en el trabajo también luchaba: no podía concentrarme en mis tareas porque siempre algo me distraía. No sabía organizar bien mi tiempo ni priorizar, y si una reunión se alargaba, al final no podía mantener la atención.
Con el diagnóstico de TDAH y la medicación adecuada, todos esos problemas desaparecieron; mis compañeros no me reconocen. Uno de ellos, inspirado por mi ejemplo, llevó a su hija también dispersa a un especialista y sorpresa: ella también tiene TDAH.

La chica loca
Era la loca del grupo, la que perdía todo y nunca terminaba nada. Siempre inquieta, interrumpía a los demás porque no podía esperar a que acabaran de hablar. Esas características tan definitorias de mi personalidad desaparecieron como por arte de magia cuando empecé con la medicación adecuada.
Equivocación
Me diagnosticaron ansiedad, depresión e incluso trastorno bipolar, hasta que un psiquiatra descubrió que era TDAH y me salvó la vida. No culpo a los otros médicos, pero no entiendo por qué no hay una formación adecuada para que en casos “difíciles” como el mío se les ocurra hacer un simple test de TDAH…

Aliviada
Los estimulantes mejoraron un poco mi estado de ánimo, pero no me ayudaban a funcionar mejor. Me sentía fatal por ser como era. Antes de la medicación para el TDAH, cada día era una lucha y quería morir. Ahora estoy tan bien que quiero vivir para siempre y recuperar el tiempo perdido.
En vano
Si pienso que estuve siete años tomando antidepresivos sin resultado, me dan ganas de gritar. Los médicos decían que no todos los medicamentos funcionan para todos, que había que encontrar el adecuado, pero ninguno me ayudó. Desde que tomo medicación para el TDAH, por primera vez siento que puedo ser yo misma.











