Hay un lugar en Hungría donde cada día de finales de otoño se siente como una pequeña fiesta, y donde la orilla del lago en medio de la ciudad no se llena con el ruido de los coches, sino con el graznido de miles de gansos salvajes. Quizás por eso sentí que en el último fin de semana soleado del otoño debíamos volver a Tata.
Hace unos años ya habíamos recorrido el Sendero Fényes y pensé: este es uno de los rincones más bellos del país. Pero este otoño, al saber que se acercaba el 25º Festival de los Gansos Salvajes de Tata, esa región me llamó de nuevo. Sabía que aún faltaba para el “pico máximo” de aves, pero tenía curiosidad por descubrir qué escondía el Lago Viejo y sus alrededores en ese momento.
Al llegar, la ciudad me cautivó al instante. Las luces doradas del castillo, el reflejo brillante en el agua, los árboles otoñales del Jardín Inglés y las aves que cruzaban el cielo sobre el lago me decían que algo muy especial estaba pasando. Y así fue: cuando el sol se ocultó tras el horizonte, comenzó aquello que habíamos esperado toda la tarde.
A las 16:59, primero se escucharon algunos graznidos lejanos, y de repente el cielo se llenó con el aleteo de miles de gansos que regresaban al lago para pasar la noche. En ese instante olvidé las preocupaciones diarias, dejé el móvil en el bolsillo y me quedé maravillada viendo cómo la naturaleza escribía a nuestro alrededor su propia coreografía perfecta.

Un cuarto de siglo con los gansos: de encuentro entre amigos a evento europeo reconocido
Este año, el Festival de los Gansos Salvajes celebra su 25º aniversario. En sus inicios, entre 2001 y 2006, era más un encuentro amistoso de observadores de aves que un festival —lo descubrí navegando en redes sociales. Con los años, el evento creció y se enriqueció con actividades como anillamiento de aves, concursos de dibujo, excursiones y demostraciones con telescopios. Ya entonces todos sabían que algo grande estaba naciendo en la orilla del Lago Viejo de Tata.
Al leer los reportes de años anteriores, me di cuenta de que esta experiencia comunitaria me atrapaba cada vez más. Hay algo conmovedor en ver a cientos de personas salir al frío amanecer junto al lago solo para presenciar de cerca cómo despierta la naturaleza.
El Lago Viejo es hoy un humedal de importancia internacional y forma parte del Convenio Ramsar desde 1989. Esto significa que, junto con otros 170 países, los habitantes de Tata asumen la responsabilidad de proteger las aves migratorias y estos ecosistemas. Más de 2600 hectáreas alrededor del lago albergan cientos de especies: en otoño e invierno se reúnen aquí grandes grupos de gansos comunes, gansos campestres y gansos de verano, y a veces incluso visitantes raros como gansos de tundra o cigüeñas negras.
Las aves aquí se sienten seguras: el Lago Viejo es uno de los últimos lugares en Hungría donde la caza está prohibida, y para proteger su tranquilidad, tampoco se permite la pirotecnia en Año Nuevo. ¿Será esta paz la que las atrae cada año?

El ser humano y la naturaleza: una búsqueda eterna de equilibrio
Este año, la celebración enfrenta tensiones. En las semanas previas, el nivel del agua del lago preocupó a muchos: mientras los expertos pedían mantener al menos -50 centímetros para las aves, por intereses pesqueros se dejó bajar mucho más. El lecho seco no solo entristece el paisaje, sino que también seca los lugares de descanso de las aves. Si el agua es demasiado baja, los gansos y otras aves acuáticas se van, y con ellos se pierde el entusiasmo de observadores y visitantes.
Al mirar la orilla seca, sentí cierta amargura. Los organizadores hicieron todo lo posible para que en este año tan especial el Lago Viejo fuera un refugio real, pero parece que aún estamos aprendiendo a equilibrar los intereses humanos y naturales. El calendario de gestión del agua prioriza la pesca sobre el turismo, y eso parece haberse cumplido, a pesar del Convenio Ramsar.
El Lago Viejo de Tata, aunque artificial, es mucho más que una mancha azul en el mapa
Aunque ahora la naturaleza y los intereses humanos intentan sintonizarse de nuevo, una cosa es segura: Tata sigue siendo uno de los lugares más especiales de Hungría para vivir de cerca la magia de la migración de aves. La experiencia de ver miles de gansos llenando el cielo con sus graznidos al atardecer es simplemente indescriptible.
En la página oficial del Festival de los Gansos Salvajes de Tata puedes seguir cada año la transmisión en vivo de la llegada nocturna y la salida matutina de las aves. Desde el atardecer hasta el amanecer, el lago se llena de aleteos, el agua se ondula y el espectáculo hipnotiza.
Y la mejor noticia: el 25º Festival de los Gansos Salvajes de Tata se celebrará este año los días 28 y 29 de noviembre. Así que si quieres vivir esta fiesta especial en persona, aún estás a tiempo. Te esperan charlas, excursiones guiadas, actividades para niños y, por supuesto, los protagonistas: los gansos salvajes. Solo queda la incógnita de cuántos vendrán.











