Reviso mi armario de ropa otoñal y encuentro una minifalda de estampado leopardo que compré el año pasado. Tenía 35 entonces, este otoño cumpliré 36, y mi hija irá al colegio el próximo año. Nicole Kidman tiene unas piernas perfectas, pero me cuesta imaginarla usando una falda así. Yo suelo combinarla con una chaqueta de cuero y botines de tacón alto. ¿Será que este año debería jubilarla?
Con todo el movimiento body positive, incluso los influencers y estilistas más actuales y apoyadores suelen transmitir en redes sociales que hay prendas que no quedan elegantes después de cierta edad.
¿Pero por qué pensamos eso? Vivimos en una época donde, espero, está claro que no solo pueden usar shorts o tops cortos quienes cumplen con el índice de masa corporal, abdomen marcado y piernas bronceadas que impone la industria de la belleza. Y mientras animamos a todos a celebrar su cuerpo y expresar su personalidad con la ropa, la edad parece seguir siendo un tabú.

¿Deberíamos llevar el envejecimiento en silencio?
Observo a las mujeres mayores en la calle, el autobús, la tienda. Miro su postura, su mirada, y ahora que llevo días pensando en Nicole Kidman y su blusa de seda azul celeste, también en qué llevan puesto.
Y me doy cuenta de que no solo Nicole Kidman, con su belleza de muñeca de porcelana, es hermosa. El mundo está lleno de mujeres fascinantes de 60 años. Algunas con ojos traviesos, pañuelos coloridos al cuello y faldas largas que ondean tras ellas.
Algunas, bajo sus sombreros color marfil, contemplan el mundo con una sabiduría tranquila; otras llevan grandes pulseras sobre manos ya arrugadas que aún sostienen y dirigen la familia, el negocio, el hogar, la vida.
Las observo y veo que tienen algo en común: saben quiénes son, qué quieren y de qué son capaces. No intentan esconder su edad porque simplemente no les importa. Tienen muchas otras cosas importantes en sus vidas.
Nicole Kidman no se vería menos atractiva con mi falda de leopardo porque tenga 57 años y supuestamente no deba usar estampados así a esa edad, sino porque ese no es su estilo, sino el mío.
Por eso no creo que existan prendas que no debamos usar a cierta edad, aunque sí llama la atención cuando alguien usa ropa para parecer más joven. Ese intento desesperado no es elegante. Ser uno mismo, vestir lo que amamos y llevar nuestro estilo con orgullo nunca pasa de moda. No son las prendas las que nos hacen atractivos; somos nosotros quienes las llenamos con nuestra personalidad y amor por la vida.
Al llegar a casa, saco de nuevo la falda de leopardo, me la pruebo, busco mi top negro favorito para combinarla. Este año sigo siendo la misma que el anterior. Quizá llegue un otoño en que sea otra persona y entonces la falda no me acompañe, pero será porque yo he cambiado, no porque alguien me haya dicho que ya no puedo ser yo.
Foto principal: Liudmila Chernetska/istockphoto.com, belchonock/depositphotos.com











