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¿Honestidad o falta de respeto? No es lo mismo decir la verdad que decirla sin filtros

Farkas Margaréta4 min de lectura
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¿Honestidad o falta de respeto? No es lo mismo decir la verdad que decirla sin filtros — Estilo de vida
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Seguro que conoces a alguien de quien se dice que es "muy sincero". Y probablemente también sabes que eso no siempre es un cumplido. Porque existe una línea invisible entre quien tiene el valor de decir lo que piensa y quien simplemente es brusco. El problema es que mucha gente confunde las dos cosas. Y lo que es peor: a veces también nosotros mismos lo hacemos.

La honestidad es algo valioso. De verdad que lo es. En un mundo donde todos dicen constantemente lo que el otro quiere escuchar, esa persona que te dice la verdad sin rodeos puede ser un soplo de aire fresco.

Pero la honestidad no es una licencia para decir cualquier cosa, en cualquier momento, a cualquier persona, y luego escudarse en un "es que yo soy muy sincero".

Eso no es honestidad. Es falta de autocontrol envuelta en un bonito papel de regalo. Porque la verdad es que la sinceridad y la delicadeza no son opuestas. Deberían funcionar juntas, y cuando falta una de las dos, siempre se nota.

Cuando la honestidad habla más de ti que de la otra persona

Hay un tipo de honestidad que, en realidad, no sirve al otro, sino a uno mismo. Cuando alguien le dice a una amiga que ese vestido no le favorece, puede ser sinceridad... o puede ser un desahogo. La diferencia está en el cuándo, el cómo y el porqué.

Si tu amiga ya se ha puesto el vestido y está de camino a un evento importante, decirle la verdad en ese momento no la ayuda en nada. Solo consigue que se sienta mal sin poder hacer nada al respecto. Pero si todavía está frente al espejo y te pide tu opinión, la situación es completamente distinta. La misma información, un efecto completamente diferente.

El momento en que dices algo importa tanto como lo que dices. Mucha gente no lo tiene en cuenta porque cree que si algo es verdad, puede decirse en cualquier momento. Pero la verdad también puede llegar a destiempo, y entonces no libera, sino que hiere.

La diferencia que vale la pena entender

Entre la grosería y la honestidad muchas veces solo hay una cosa: la intención. Si dices algo porque crees que la otra persona lo necesita y genuinamente quieres su bien, eso es honestidad. Si lo dices porque estás frustrado, porque llevas tiempo con eso dentro, porque simplemente te apetece soltarlo de una vez, ya no estás pensando en el otro, sino en tu propio alivio.

Y las dos cosas son humanas. Nadie es perfecto en esto. Pero merece la pena saber cuál de las dos estás haciendo en cada momento, porque eso determina cómo lo va a recibir la otra persona.

Las personas siempre perciben si algo se dice en su beneficio o si simplemente alguien está de mal humor y la verdad que pronuncia no va dirigida a ellas, sino que busca una salida para su propia tensión. Aunque se usen exactamente las mismas palabras. El tono, el momento elegido, el cariño que hay detrás... todo eso se transmite. Siempre.

Así que la próxima vez que vayas a decir "es que solo estaba siendo honesto", pregúntate antes: ¿para quién era realmente esto?

Si la respuesta honesta es que era para el otro, probablemente actuaste bien. Pero si tras un pequeño silencio te reconoces que en el fondo te dio alivio decirlo, quizás esa honestidad tenía más que ver contigo que con la otra persona.

Si eres tú quien ha recibido el golpe

Está muy bien hacer introspección y reflexionar sobre cómo te comunicas tú. Pero a veces la situación es la contraria: eres tú quien siente que lo que acaban de decirte no nació exactamente de la honestidad. En esos casos, conviene separar dos cosas.

  • La primera: ¿hay algo en lo que te dijeron que es verdad y que puede ayudarte? Si es así, la forma fue fea, pero el contenido puede ser útil.
  • La segunda: ¿o todo esto fue solo porque al otro le apetecía soltarlo? Porque si es así, no es tu responsabilidad cargarlo.

No toda verdad dicha sobre ti habla realmente de ti. El hecho de que alguien llame "honestidad" a lo que dice no te obliga a interiorizarlo. Puedes preguntar, puedes dejarlo pasar, y también puedes decir con calma que eso no tendría que haberse dicho de esa manera.

La honestidad no es blanca o negra. La pregunta no es si dices la verdad, sino cuándo, cómo y para quién. Y entre esas dos cosas está esa línea que, de vez en cuando, merece la pena tomarse un momento para considerar.

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