Hay una vitamina que tu cuerpo necesita a diario y que, sin embargo, no puede fabricar por sí mismo. Es la vitamina C, y su ausencia se nota en tus defensas, tu piel, tu energía e incluso en tu estado de ánimo.
Descubierta hace casi cien años por el científico Albert Szent-Györgyi, sigue siendo una de las aliadas más subestimadas de nuestra salud. Como el organismo humano no sabe producirla, dependemos por completo de lo que le damos desde fuera. Y ahí es donde empiezan los malentendidos.
Los mitos sobre la vitamina C que conviene aclarar
¿La vitamina C provoca cálculos renales?
No. Es una leyenda urbana que numerosos estudios han desmentido, aunque todavía hay quien la repite como si fuera un hecho. Tranquilo: puedes tomarla incluso en dosis altas y a largo plazo sin que eso te provoque piedras en el riñón.
Consejo clave: elige una vitamina C enriquecida con bioflavonoides. Estos compuestos vegetales solubles en agua favorecen su absorción y multiplican su efecto.
¿Para qué tomar tanta si al final la orino?
Precisamente por eso conviene tomar más y repartir la dosis a lo largo del día: así aseguras un suministro constante para tu organismo. Y no, por mucho que la elimines, es prácticamente imposible sufrir una sobredosis de vitamina C.
Según algunos estudios, alrededor del 75 % de la vitamina C que ingieres se aprovecha, aunque esto depende mucho de cada persona y de su sistema inmunitario. Lo que expulsas es una pérdida menor. Créenos: es un problema mucho más pequeño que los que aparecen cuando te falta esta vitamina.
¿Lo sabías?
Solo dos especies, el ser humano y el conejillo de indias, son incapaces de producir vitamina C por sí mismas.
Todo lo que la vitamina C hace por ti
Frente a virus y bacterias
La vitamina C es una gran aliada del sistema inmunitario y refuerza tu capacidad de defensa, ya que aumenta el número de glóbulos blancos, esos soldados que plantan cara a los patógenos que atacan tu cuerpo.
Por eso puede ayudarte a defenderte de virus, bacterias y otras infecciones, tanto en un simple resfriado como en una gripe más seria. Con dosis altas de vitamina C tienes menos probabilidades de caer enfermo y, si aun así lo haces, puede acortar el proceso y reducir el riesgo de complicaciones.
Por tu sistema nervioso
La vitamina C también es necesaria para el buen funcionamiento del sistema nervioso. En situaciones de estrés, el cuerpo la consume más rápido, por lo que un organismo estresado necesita un aporte más intenso.
Si el estrés forma parte de tu día a día, quizá te interese descubrir otros hábitos sencillos para cuidar tu sistema nervioso.
Por tu corazón y tu circulación
La vitamina C favorece la salud cardiovascular: protege las arterias e impide la acumulación de plaquetas y colesterol en la sangre. De este modo puede reducir notablemente el riesgo de infarto y de enfermedades coronarias.
Por su efecto antioxidante
La vitamina C es, además, un antioxidante, así que ayuda a reducir el estrés oxidativo, es decir, el daño que sufren las células por acción de los radicales libres. Ese estrés oxidativo tiene mucho que ver, entre otras cosas, con el envejecimiento.
Por su papel en el colágeno
La vitamina C es imprescindible para que la piel produzca colágeno, por lo que contribuye de forma notable a mantener sanos tu piel, tu cabello y tus uñas. Y no solo eso: también ayuda a cuidar huesos, cartílagos y encías, ya que participa en la correcta formación y funcionamiento del tejido conjuntivo.
Contra el herpes
La vitamina C también puede echarte una mano con el herpes: usada de forma preventiva, puede frenar la aparición de las ampollas y, si el herpes ya ha brotado, acelerar la recuperación.
Frente a las alergias
En caso de alergia, la vitamina C también despliega sus beneficios: funciona como un antihistamínico natural y puede aliviar, por ejemplo, la congestión nasal provocada por las alergias.
Por la fertilidad
La vitamina C desempeña un papel importante en la calidad de la fertilidad, tanto masculina como femenina, ya que su presencia es indispensable para la producción de hormonas como el estrógeno, la progesterona y la testosterona.
Preguntas frecuentes sobre la vitamina C
¿Puede la vitamina C causar cálculos renales?
No. Es un mito desmentido por numerosos estudios. Puedes tomarla incluso en dosis altas y de forma prolongada sin que eso te provoque piedras en el riñón.
¿Por qué conviene repartir la dosis a lo largo del día?
Porque así aseguras un suministro constante para tu organismo. Además, es prácticamente imposible sufrir una sobredosis, ya que el cuerpo elimina el exceso.
¿Qué tipo de vitamina C es mejor elegir?
La enriquecida con bioflavonoides. Estos compuestos vegetales solubles en agua favorecen su absorción y multiplican su efecto.
¿Solo sirve para reforzar las defensas?
No. Además de apoyar al sistema inmunitario, ayuda al sistema nervioso, al corazón y la circulación, actúa como antioxidante, favorece la producción de colágeno y contribuye a la fertilidad.









