La cirugía estética es un arma de doble filo y no siempre sale como esperamos.
Nózi
Siempre le molestó tener una nariz grande, así que la apoyé cuando dijo que quería operarse, porque era un sueño que tenía desde hace años. Pero el resultado no le gustó —aunque a mí no me parecía malo— y eso la deprimió mucho. La cuidé durante dos años, intentando sacarla de ese pozo emocional, pero no pude. Finalmente se sometió a otra cirugía y, según ella, le empeoraron la nariz. Terminó rompiendo conmigo y sigue deprimida hasta hoy.
Terapia
Tuve una novia que era hermosa tal como era. No necesitaba ningún retoque, pero su autoestima era baja y pensaba que con tratamientos y cirugías lograría quererse más. Lo que consiguió fue cambiar tanto —y para mal— que casi no la reconocía. Le rellenaron la carita delgada con ácido hialurónico, inflaron sus labios bonitos, y le esculpieron la nariz por una fortuna —que antes estaba perfecta—; además, el botox le borró todas las arrugas que le daban expresión y calidez.
Mi amor especial y precioso terminó pareciéndose a una típica "muñeca de plástico" y, lo peor, se volvió adicta. No sabía que la adicción a la cirugía era real, pero vi cómo sucedía ante mis ojos y no pude detenerlo. Todo ese dinero habría sido mejor gastarlo en terapia, porque el problema no era su cuerpo, sino su mente. Terminamos y ella no ha parado; veo en sus fotos que cada año se ve peor, y eso me entristece mucho.

Los dos balones
Mi novia tenía los pechos más bonitos del mundo: no muy grandes, pero con forma y perfectos para mis manos. Aun así, se puso dos implantes enormes que me daban escalofríos por su tamaño, dureza y las cicatrices. Pero ella floreció y su autoestima creció tanto que me dejó como a un trapo y ahora sale con un chico nuevo y adinerado.
La broma
Se hizo unos labios tan grandes que cuando la vi le dije en broma que si nadábamos profundo en el lago, su cara sería como un bote inflable. Solo era un chiste, pero se ofendió tanto que me echó.
Sin expresión
Ella se ponía botox cada tres meses y durante dos meses parecía un bebé de museo: cuando reía, sus ojos se achinaban, pero el resto del tiempo tenía una mirada fija. No podía saber cuándo estaba enojada porque no fruncía el ceño ni juntaba las cejas. Después de unos meses me empezaba a gustar otra vez —cuando el efecto pasaba—, pero al terminar los tres meses volvía al médico a inyectarse y al final me cansé.
Abrazados al pecho
Siempre me gustaron las mujeres con pechos grandes y, antes de que alguien me juzgue de superficial, aclaro que a las mujeres les atraen los hombres de más de 180 cm, así que aceptemos las preferencias de cada quien. Amaba el cuerpo de Mira tal como era. Medía 153 cm y tenía una talla 100, era la mujer de mis sueños. Pero un día dijo que le molestaban sus "grandes bubis" y meses después se hizo una reducción de pecho (sin necesidad médica).
Ella disfrutaba dormir boca abajo, correr y moverse con comodidad, y que nadie le mirara el pecho, pero a mí me destrozó. Entendí que para ella era mejor así, pero Mira ya no era la mujer de la que me enamoré. Cuando intenté hablarlo, se molestó, pero le respondí que ella tampoco estaría conmigo si no fuera alto y musculoso, como me había dicho varias veces. Le pregunté qué pensaría si de repente bajara 15 cm o dejara de entrenar, y no supo qué decir. Terminamos y ahora disfruto cada día de los pechos grandes de mi nueva novia.











