Desde fuera, una relación abierta parece emocionante y aterradora a partes iguales. La posibilidad de vivir aventuras seduce a muchos, y no cuesta imaginar que los celos, las reglas o la comunicación se conviertan en un reto. Pero la realidad suele ser otra.
Quienes ya lo han vivido cuentan algo sorprendente: lo más difícil casi nunca fue aquello para lo que se habían preparado. El verdadero golpe llegó por donde menos lo esperaban.
"Creía que el sexo sería la parte difícil. No lo fue"
Lilla tenía 36 años cuando ella y su marido decidieron probar una relación abierta.
"Llevábamos once años juntos. Nos queríamos, el sexo era bueno, no queríamos romper. Simplemente teníamos curiosidad." El comienzo salió sorprendentemente bien.
"Cuando él tuvo su primera cita con otra persona, pensé que pasaría toda la noche con un nudo en el estómago. En lugar de eso, pedí una pizza y me puse una serie."
La dificultad llegó más tarde.
"No me dolió que se acostara con otras mujeres. Me dolió el día que le contó primero a otra mujer que había tenido un mal día."
Fue entonces cuando Lilla lo entendió: la cercanía emocional le molestaba mucho más que la intimidad física. "Es más fácil compartir el sexo que la atención. Eso nadie me lo advirtió."
Su relación acabó sobreviviendo, pero introdujeron nuevas reglas. "Me di cuenta de que no tenía miedo de perder el cuerpo de mi marido. Tenía miedo de perder mi lugar en su vida."
"Fue humillante darme cuenta de que competía con una chica de veintipocos"
Eszter tiene 42 años y vivió tres años en una relación abierta.
"Toda la idea partió de mí. Yo era la parte moderna, la liberal. Estaba convencida de que los celos eran solo un condicionamiento social."
Dice que durante mucho tiempo todo funcionó. "Hasta que mi pareja conoció a una chica de veintisiete años."
Lo que más la sorprendió fue su propia reacción.
"Ahí estaba yo, un sábado por la noche, viendo vídeos de rutinas de cuidado facial y preguntándome si ella tendría la piel así de tersa de forma natural." Se ríe al contarlo, pero asegura que en aquel momento no tenía ninguna gracia. "Lo peor no era que fuera más joven que yo. Era que, de repente, me había convertido en una mujer que se comparaba con otra."
La relación no terminó por eso, pero la situación hizo que Eszter replanteara muchas cosas.
Si alguna vez has sentido que los celos aparecen justo cuando creías tenerlos controlados, quizá te interese saber por qué reaccionamos así ante la comparación.
"Me creía muy moderna. Y luego descubrí que deseaba exactamente lo mismo que cualquiera: que alguien me eligiera a mí por encima de todos los demás."
"Lo más duro fue cuando yo me convertí en la otra mujer"
Réka tiene 33 años y dice que nada la había preparado para esa situación.
"Con mi pareja acordamos que ambos podíamos ver a otras personas. Sobre el papel todo funcionaba."
Con el tiempo, sin embargo, Réka empezó a verse de forma habitual con un hombre.
"Él también vivía una relación abierta. Parecía la situación ideal."
Hasta que una noche algo cambió. "Me habló de su novia. De los planes que tenían juntos, del piso que querían comprar, de adónde viajarían en verano. Y yo estaba ahí, con él en la cama, y de golpe entendí que era una figurante en la historia de amor de otra persona."
Réka dice que esa sensación fue mucho más dura que cualquier tipo de celos.
"Uno cree que la relación abierta va sobre libertad. A veces va más bien sobre aprender con toda exactitud cuál es tu lugar en la vida de alguien."
Hoy vive una relación monógama. "La conclusión más brutal fue esta: aunque te quieran varias personas, eso no significa que seas la primera opción de nadie."
¿Qué es lo que más cuesta en una relación abierta?
Según estas tres experiencias, lo más difícil no suele ser la intimidad física, sino la cercanía emocional: ver que la pareja comparte su vida interior o sus planes de futuro con otra persona.
¿Desaparecen los celos si te consideras una persona de mente abierta?
No necesariamente. Eszter estaba convencida de que los celos eran solo un condicionamiento social, y aun así sintió el impulso de compararse con otra mujer.
¿Por qué duele tanto ser "la otra persona" en una relación abierta?
Como cuenta Réka, puedes sentir que eres solo una figurante en la historia de amor de alguien: querida, pero sin ser la primera opción de esa persona.
¿Puede sobrevivir una relación abierta a estas dificultades? En el caso de Lilla, la pareja siguió adelante tras introducir nuevas reglas; Eszter y Réka, en cambio, terminaron replanteándose lo que querían.











