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Lo siento, pero con estos precios ya no pienso dejar propina

Schuster Borka5 min de lectura
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Lo siento, pero con estos precios ya no pienso dejar propina — Estilo de vida
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Artículo de opinión: Schuszter Borka

La primera vez que me quedé mirando la pantalla del datáfono, dudando si pulsar el 15 % delante del camarero, sentí algo incómodo. No era el dinero. Era la sensación de que ya no estaba eligiendo dar propina, sino que se esperaba que lo hiciera.

Y no, no creo que el problema sea mío.

La verdad es que no tengo nada en contra de la propina. Durante mucho tiempo me pareció lo más natural del mundo: si el servicio es bueno, dejas algo extra. No una gran cantidad, no por obligación, sino como un gesto.

Pero últimamente algo ha cambiado en todo esto. Cada vez con más frecuencia siento que la propina ya no es un gesto, sino una expectativa. A veces se ha vuelto una parte casi automática de un proceso sobre el que ni siquiera puedo decidir libremente.

Y mientras tanto pienso en otra cosa: en España, como en gran parte de Europa, los camareros cobran un sueldo por su trabajo. La propina no es su ingreso principal, como ocurre en Estados Unidos, donde el sistema se construyó de una forma muy distinta. Allí, en muchos casos, la propina no es un complemento, sino una condición para sobrevivir.

Aquí, en teoría, no es así. Y me parece que está bien que sea así. El trabajo debe pagarlo quien contrata, no debería ser el cliente quien "complete" el sistema cada vez que consume.

La propina, en teoría, es un extra. Una categoría de "si me apetece".

El problema es que la experiencia refleja cada vez menos eso

En cada vez más sitios me encuentro con lo mismo: en el momento de pagar, la pantalla me ofrece un 10, 15 o 20 % de propina, mientras que quien atiende no se ha movido de la barra. Pedí ahí, recogí ahí mi comida o mi café, y yo mismo lo llevé a la mesa. Y de alguna manera eso es lo que empezó a molestarme.

No que exista la opción de dejar propina. Sino que cada vez más siento que tengo que decir activamente que no a algo que ni siquiera considero obligatorio. Y mientras tanto, los precios no dejan de subir. Una comida sencilla o un café ya suponen, de por sí, un gasto mayor que hace unos años. Y en ese contexto la propina no parece un pequeño gesto, sino una capa más sobre una cifra que ya me obliga a pensármelo dos veces.

Sinceramente: con estos precios, no siempre siento que entre un 10 o 15 % de más.

Puede que esta idea no le guste a mucha gente. Pero la realidad es que del lado del consumidor también hay un límite. Y si ese límite se sigue estirando, en algún momento pasa algo muy concreto: la gente sale menos a comer fuera, compra menos cafés por el camino y recurre menos a los servicios.

No porque no valore el trabajo que hay detrás. Sino porque el coste total ya no cabe en su presupuesto. Y ahí es donde, a mi juicio, el sistema acaba contradiciéndose a sí mismo a largo plazo.

La hostelería se sostiene sobre un equilibrio muy delicado. Necesita clientes que vuelvan. Necesita personal que haga su trabajo. Y necesita unos precios que consigan conectar ambas cosas. Pero si el cliente empieza a sentir que cada pago es una nueva "decisión obligatoria", ese equilibrio no se refuerza precisamente.

A mí, personalmente, no me molesta que alguien deje propina. Ni que lo haga con gusto. Es totalmente comprensible que uno quiera dar las gracias así después de una buena experiencia.

Lo que me hace dudar es otra cosa: dónde está la línea entre el gesto voluntario y la expectativa social. ¿De verdad merece la pena rascar una capa más al cliente ocasional? ¿O es mejor pedirle un poco menos ahora, para que la semana que viene vuelva a entrar por la puerta?

¿La propina es obligatoria en España?

No. Según este artículo, en España y buena parte de Europa los camareros cobran un sueldo por su trabajo, así que la propina es un extra voluntario, no su ingreso principal.

¿Por qué molesta tanto la propina en el datáfono?

Porque aparece de forma automática en la pantalla al pagar, incluso cuando uno mismo recoge y lleva su pedido. Eso hace sentir que hay que decir "no" activamente a algo que no debería ser obligatorio.

¿En qué se diferencia el sistema de propinas de Estados Unidos?

Allí la propina suele ser, en muchos casos, una condición para la supervivencia del trabajador, no un simple complemento. El sistema se construyó de una forma históricamente muy distinta a la europea.

¿Cómo afecta la presión de la propina al consumo?

Cuando el coste total se dispara, la gente sale menos a comer fuera, compra menos cafés y usa menos servicios. No por no valorar el trabajo, sino porque el gasto ya no cabe en su presupuesto.

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