No todos se sienten cómodos con el contacto humano.
El diagnóstico
Nunca me gustó que me tocaran. Desde niña me angustiaba cuando mis padres me obligaban a soportar los besos babosos de los parientes mayores, y en la escuela tampoco me gustaba tener que tomar la mano de mi pareja cuando salíamos al parque con la clase.
Cuando empecé a salir con chicos, no me molestaba tocarlos, pero sí me incomodaba cuando ellos querían tocarme. Disfrutaba el sexo, pero detestaba que me acariciaran o jugaran con mi cabello al abrazarnos.
A los 32 años le conté todo esto a un chico en nuestra primera cita, y él ni siquiera levantó la vista de su ensalada mientras me decía que soy autista. Me quedé sin palabras, me sorprendió mucho, porque no me veía así... Pero las pruebas confirmaron que tenía razón. Soy de alto funcionamiento, casi sin síntomas, pero estoy en el espectro. Por mi “sensibilidad sensorial” reacciono muy intensamente al tacto.
Cada casa, sus costumbres
Mi marido nunca soportó que lo tocara. Dice que creció en una familia donde casi no había contacto físico. No se abrazaban ni se daban besos. Sus padres no se mimaban ni entre ellos ni con los niños, y con sus hermanos casi solo peleaba.
Me contó que se quedó boquiabierto cuando fue a casa de un compañero y vio por primera vez que los padres se besaban. Hasta entonces pensaba que eso solo pasaba en las películas. Me costó años hacerle entender que las caricias son importantes en una relación de pareja.

Trauma
Mi esposa llegó a casa del trabajo una noche y sufrió un ataque sexual: un hombre borracho casi la viola en la calle. Desde entonces tiene TEPT y no deja que nadie la toque, lo cual es totalmente comprensible. Vamos a terapia y sé que llevará tiempo que pueda ver mi contacto como algo seguro, pero no la presiono.
Fría Escandinavia
Mi marido es noruego, y allá no es común tocarse mucho. Le dije —cuando empezamos a salir— que respeto las diferencias culturales, pero cuando yo quiera mimarlo, lo haré. No diré que le encanta, pero se ha acostumbrado y acepta mis “explosiones” de cariño.
Sobrecarga
Tengo ansiedad social severa y si alguien me toca, entro en pánico. Para mis sentidos, el estímulo táctil es demasiado, y bloqueo porque siento que pierdo el control. Ya fui al psiquiatra, pero no funcionó; ahora busco otro especialista y sigo trabajando en ello.

Sin seguridad
Los padres de mi esposa no estuvieron a la altura cuando ella era niña, por eso desarrolló trastorno de personalidad evitativo. Tiene baja autoestima, tiende a aislarse y evita las interacciones sociales. Se siente desagradable y por eso el contacto le resulta incómodo. Conmigo ya acepta la ternura —tras años de esfuerzo— y logré convencerla de que para mí es la mujer más hermosa y un placer poder tocarla.
¡Puaj!
Mi marido se aleja cuando quiero acariciarlo. Ni siquiera puedo meter las manos en su cabello, simplemente no soporta que lo toque. Nunca fue muy cariñoso, pero con los años empeoró porque —como descubrimos— desde el Covid le da miedo contagiarse de gérmenes y virus. Tiene misofobia, odia la suciedad y la contaminación, y por eso no me deja tocarlo: no quiere ensuciarse conmigo ni contagiarse.











