En todas las reuniones familiares hay «temas recurrentes» que vuelven locos a todos.
La mesa
Mi prometido y yo solemos jugar al bingo familiar en ambas casas, porque ninguna familia es perfecta. Bingo si algún sobrino adolescente saca el móvil mientras come y su madre le grita. Bingo si una pariente habla con voz melosa a su perrito. Bingo si alguien repite la misma historia dos veces. Bingo si alguien eructa y no se disculpa. Chismes sobre el vecino Ferenc, la manicurista Zita, el mecánico Zoli o el carnicero Imre. (Bingo aparte si nadie sabe de quién hablan.) Bingo si la esposa se queja de que el marido no hace nada y él responde que ella siempre está encima. Una vez me olvidé y grité fuerte: «¡BINGO!» Todos me miraron mientras mi chico no podía parar de reír.
Marcado
Las escenas que siempre marco en cualquier reunión familiar: mi madre comparando a alguien conmigo. Ya sea con la vecina Zsuzsa que gana más que yo, la peluquera Betti con su guapo novio nuevo, o alguna estrella que acaba de adelgazar y es más delgada que yo. Luego mi padre cuenta un chiste sexista, homófobo o racista que nadie más encuentra gracioso. Después, mi tía se ofende por cualquier cosa (¡cualquier cosa!) y se va llorando al baño. Cuando todo esto pasa, la fiesta termina siempre con mi cuñado borracho tambaleándose y tres personas ayudándole a subir al coche.

Fases
Mi marido fue el primero —y el único— que traje a casa porque no quería exponer a nadie a mi familia, solo a quien sabía que era el indicado. En el camino le expliqué las etapas que esperaba: primero todos sonríen y son encantadores. Luego empiezan los susurros y desacuerdos, y después todos gritan abiertamente unos con otros, pero que no se sorprenda. Se asustó un poco cuando mi abuelo le gritó a mi cuñado: "¡Te voy a matar, maldito!" pero al ver que nadie se inmutaba, él también se calmó. Al día siguiente contó a sus amigos que somos una familia muy italiana donde las amenazas de muerte son normales.
Ofensas
En nuestra familia nunca hay gritos, solo comentarios punzantes y frases que hieren. “Marcsikám, ¿seguro que esta ensalada es fresca? Se nota el sabor del congelado…” “Petikém, ¿qué pasa con tu hijo? ¿Ya encontró trabajo o sigue buscándose a sí mismo?” “Nórikám, ¿cuándo remodelaron este baño…?” “No quiero meterme, Pirikém, pero ¿una carrera de humanidades? ¡No tiene sentido!” “Bercikém, ¿sigues en esa empresa donde ganas tan poco?” “Annuska, ¿cuándo te casas? ¡No te quedes soltera!” “Borikám, lo entenderás cuando seas mamá...” No pasan diez minutos sin que alguien hiera a otro, es agotador, pero siempre ha sido así.

El guion
En casa de mi marido siempre hay una tragicomedia, solo falta el escenario. En el primer acto, mi suegra interpreta a la mártir eterna:
Entonces, según ustedes, fui una mala madre, no importa, ya me voy a morir pronto, ¡no tendrán que aguantarme mucho más!
Luego viene el suegro, que empieza a hablar de política y no para hasta que grita con espuma en la boca: “¡Por culpa de esto estamos así en el país!” Después la cuñada con sus quejas habituales, siempre prediciendo el fin del mundo: “Las vacunas causan cáncer, la comida está envenenada, nos implantan chips, viene un asteroide, la Tierra se desertifica, la inflación se dispara, ¡moriremos de hambre!” El final lo pone mi marido con una historia incómoda que nadie quiere recordar: “¿Recuerdan cuando la abuela dejó caer al nieto en la cabeza? ¿Cuando papá me tiró al agua y casi me ahogo? ¿Cuando mamá quemó el pato de Navidad y solo comimos guarnición? ¿Cuando el niño se hizo pipí durante el bautizo?” Bingo, telón.
La discusión
En las parrilladas y guisos al aire libre, es inevitable que mi padre, tío, hermano mayor y menor se peleen sobre cómo y cuánto asar, salar o sazonar la carne. Los cuatro se creen expertos gastronómicos y cada vez hay una discusión fuerte sobre la carne. Al final, entre tantos consejos, mi madre o mi abuela terminan salando o sazonando para que la comida quede perfecta. Bingo si después de comer algún hombre comenta que gracias a él la comida quedó deliciosa y si un niño llora porque está muy picante.











