Sin reproches
No exige como mi esposa, a quien nada le basta. Mi mujer siempre se empeña en algo y no para hasta conseguirlo. Queremos un coche más grande. Cambiamos la lavadora por una mejor. Renovamos el baño. Construimos un garaje en el jardín. Viajamos a las Maldivas porque los vecinos fueron. Cuando cumple un deseo, ya viene otro proyecto que me agota hasta que cedo. Es agotador y nunca se alegra de nada. Mi amante, en cambio, no pide nada, de verdad: nada. Solo disfruta cuando estoy con ella. Por eso me encanta darle cosas: porque no exige y sé que lo valora de verdad.
Zen
Mi esposa es una mujer neurótica. La quiero, pero es una vampira energética que siempre está a mil. Necesito paz, y eso me lo da mi novia. Nunca se enfada ni grita: me relajo nada más abrir la puerta y verla. Ella es mi jardín zen.

Anita
A diferencia de mi esposa, Anita es una mujer independiente y segura, que no se comporta como una niña. Anita nunca se enfada si olvido su cumpleaños. No depende de mí para nada, no espera que yo mantenga y resuelva su vida. No se enfada si surge algo y tengo que cancelar una cita. Si quiere algo, lo dice, no se queda callada días esperando que lea su mente. Anita es una persona completa sin mí, no me necesita. La admiro y respeto. De mi esposa no puedo decir lo mismo.
Lealtad
Mi amante es fiel, solo soy yo para ella. Mi esposa engaña con cualquiera. No me deja divorciarme porque dice que sería un trauma para los niños. (Pero está bien que nuestros hijos sepan que su madre es infiel regularmente...)
Escucha
Mi amante me escucha. Le importa sinceramente cómo estoy, puedo contarle todo. No juzga, entiende y si le pido, me aconseja. Mi esposa ni me presta atención y cuando empiezo a hablarme me dice que la deje en paz, que tiene suficientes problemas.

El cuerpo
Hace todo con entusiasmo en la cama que deseo. Si se lo pidiera a mi esposa, me daría una bofetada a mitad de frase, diciéndome que qué me creo, que es asqueroso. Mi amante es igual de abierta y aventurera en el sexo que yo, y cada encuentro es fantástico. Solo le digo qué quiero o qué postura nueva vi en un porno y ya lo hacemos, me encanta.
La conflictiva
Con mi amante, Edina, llamamos a mi esposa "La conflictiva". Edina siempre pregunta riendo: “¿Con qué te ha molestado esta semana La conflictiva?”, porque mi esposa es la personificación de la conflictividad. Durante años intenté ser un buen marido, pero no importaba lo que hiciera, siempre me regañaba. Podía hacer cualquier cosa y nunca estaba bien, ni ahora lo está. Se queja, me pone nervioso, gruñe, discute, nunca termina. Entendí que esa es su vida, su forma de ser. Lo acepté, pero necesito un oasis donde me quieran y me alegren. Eso me da Edina.











