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No es "gracioso" hacer comentarios racistas, sexistas u homofóbicos. Así es como los manejo

Zabolai Margit4 min de lectura
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No es "gracioso" hacer comentarios racistas, sexistas u homofóbicos. Así es como los manejo — Estilo de vida

La microagresión se refiere a esos comentarios, gestos o comportamientos que parecen pequeños pero tienen un impacto profundo, y que a menudo se expresan de forma inconsciente pero ofensiva para otros. Pueden basarse en prejuicios racistas, sexistas, homofóbicos o de cualquier otro tipo, y aunque a veces es difícil identificarlos con precisión, sentimos que algo no está bien.

En mi vida personal, me encuentro con estas situaciones con frecuencia: en el trabajo, en eventos sociales e incluso en reuniones familiares. Lo más complicado es que muchas veces no aparecen como ataques directos, sino disfrazados, a menudo como bromas.

Microagresiones en el día a día

Por ejemplo, en un trabajo anterior, durante una reunión en la que defendía con firmeza la dirección de un proyecto, un colega hombre me dijo con media sonrisa: “Ah, salió la jefa de nuevo.” Me reí con él en ese momento, pero por dentro sentí un nudo en el estómago.

Me hizo sentir que mi seguridad no era una virtud profesional, sino una molestia: que estaba saliendo de mi rol, de los límites que "debería" marcar mi feminidad, y que eso incomodaba a otros, quienes tenían que aliviarlo con una broma.

La esencia de esa frase aparentemente inocente era: ahora te permites más de lo que una mujer debería.

Comentarios como estos son comunes también en situaciones sociales. En una charla entre amigos, alguien hizo un comentario que pretendía ser gracioso sobre que alguien iba a regresar a casa en el distrito VIII. El humor venía de la idea de que debía tener cuidado porque en ese distrito hay muchos habitantes gitanos y, según él, era peligroso andar por ahí después de oscurecer. No había agresión abierta ni insultos directos, pero sentí que no estaba bien. No está bien que no tenga que decir las cosas claramente porque cree que hay un conocimiento común que todos entendemos como “broma”.

Para mí es importante no quedarme callada en estas situaciones. El silencio suele interpretarse como consentimiento. Y aunque sé que intervenir puede generar tensión o momentos incómodos, siento que es mi responsabilidad responder.

Manejo de microagresiones
Source: unsplash.com

La mejor estrategia: preguntar

Mi método más efectivo es no atacar, sino preguntar.

En la situación mencionada, simplemente le pedí a la persona que explicara qué quería decir. Por ejemplo: “¿Podrías aclarar qué quisiste decir exactamente?” o “Perdona, no entendí esa broma. ¿Me cuentas por qué crees que es graciosa?”

Esta estrategia funciona por varias razones. Primero, no acuso, por lo que es menos probable que provoque una reacción defensiva. Segundo, muchas veces solo con verbalizar su pensamiento, la persona se da cuenta de que lo que dijo fue ofensivo.

No significa que todos reflexionen al instante o que todos los conflictos se resuelvan, pero al menos se genera confrontación y queda claro que estos comentarios no están bien.

También siento que es fundamental no solo hablar cuando me afecta directamente. Si en una reunión laboral alguien hace un chiste sexista sobre otra mujer, o si en un grupo alguien lanza un comentario racista, como oyente y testigo también tengo responsabilidad. Estas situaciones no solo afectan a la “víctima”, sino que definen el ambiente que permitimos a nuestro alrededor.

Reconocer y manejar las microagresiones no es fácil, porque muchas veces no son situaciones en blanco y negro. Pero si somos sensibles a nuestros propios límites y a los de los demás, si respondemos con cortesía pero firmeza, y si no guardamos silencio solo para no parecer “demasiado sensibles”, podemos transformar poco a poco el entorno en el que queremos vivir. Creo en un mundo donde no sean los prejuicios no expresados, sino la empatía y el respeto los que mantengan unida a nuestra comunidad.

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