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No fue la suerte la que me encontró: yo creé el espacio para ella

Szabó Erzsébet4 min de lectura
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No fue la suerte la que me encontró: yo creé el espacio para ella — Estilo de vida
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Durante mucho tiempo pensé que la suerte era algo místico. Algo que simplemente nos sucede — o no. Que hay personas a las que el destino siempre ayuda y otras que nunca salen en la lista de ganadores.

Pero un día empecé a ver las cosas de otra manera, especialmente mi propia vida. Me di cuenta de que lo que antes llamaba “suerte” era en realidad el resultado de mi actitud, mis decisiones y mi perseverancia. Que la suerte no es una fuerza externa que de repente me sonríe, sino algo para lo que tuve que hacer espacio en mi vida.

La "suerte" que aparece tras el trabajo duro

Si miro atrás, hasta los veinte años mi vida no estuvo marcada por ninguna suerte especial. Excepto tal vez que nunca me atraparon copiando. Trabajaba, estudiaba, intentaba avanzar, pero nada caía en mi regazo. Muy joven entendí que si quería un cambio, tenía que actuar.

Desde los primeros trabajos de estudiante, pasando por la hostelería, hasta dominar mi profesión, cada paso fue porque decidí no esperar a que "tuviera suerte". El trabajo de fines de semana, la adaptación y no rendirme fueron pequeños movimientos que me acercaron a lo que antes llamaba suerte.

Entonces llegó un momento en que algo cambió. Empezaron a pasar cosas buenas. Puede sonar espiritual, pero sentí que finalmente estaba en mi camino.

La suerte parecía haberse aliado conmigo y mostrar otra cara, más allá de encontrar tréboles de cuatro hojas por todas partes (literalmente). Ahora sé que la suerte la invité a mi vida con mis decisiones, mi perseverancia y la creencia de que la merezco.

La psicología de la suerte: cuando no manda el azar

Muchos creen que la suerte no es una fuerza intangible externa, sino el resultado de rasgos de personalidad, hábitos y mentalidad. Según el psicólogo Richard Wiseman, la diferencia entre los afortunados y los desafortunados no está en la inteligencia o el talento, sino en cómo reaccionan ante los eventos de la vida. Los afortunados son más abiertos, emocionalmente estables y buscan conocer gente nueva y situaciones nuevas — lo que les permite aprender y crecer. En otras palabras: no esperan un milagro (la suerte), sino que crean oportunidades para ella.

En uno de sus experimentos, Wiseman dejó un billete en la entrada de una cafetería. Las personas que se consideraban afortunadas lo notaron; las que se veían como desafortunadas lo ignoraron. Mismo lugar, misma oportunidad, dos perspectivas y resultados distintos. Quizá ahí está la clave: los afortunados simplemente ven la oportunidad porque no están tan ocupados con sus miedos como para dejarla pasar.

Mujer sonriente saltando tras una entrevista de trabajo exitosa

La intuición como brújula

También escuchamos mucho eso de “confía en tu intuición”, pero pocos lo toman en serio. Yo también formaba parte de ese grupo, hasta que empecé a notar que siempre me pasaban cosas malas cuando bloqueaba mis corazonadas.

Según Wiseman, uno de los secretos de los afortunados es precisamente este: creen en su intuición. No son afortunados porque todas sus decisiones sean mágicas, sino porque aprenden a confiar en sí mismos. Saben cuándo parar y cuándo lanzarse.

Creer que tú también puedes tener suerte

Una de mis revelaciones más importantes fue entender que la suerte no depende de lo que la vida me trae, sino de cómo veo lo que pasa. Si creo que todo puede ir mal, puedo perder incluso la mejor oportunidad. Pero si me permito creer que cosas buenas me sucederán y que recibo lo que doy a los demás, entonces realmente pasan más cosas buenas.

No se trata de que de repente todos mis sueños se cumplan y pueda relajarme pensando “ya estoy listo para esta vida”. Más bien es notar cuánto he recibido y cuántos pequeños giros me han llevado hasta donde estoy.

La otra cara de la suerte es que a veces solo con el tiempo entendemos por qué un momento fue realmente afortunado, aunque en ese instante no lo pareciera. Todos llegamos a un punto en que sentimos que todo se derrumba. Pero meses o años después vemos que esa caída fue necesaria para cambiar el rumbo.

No digo que sea suerte cuando nos pasan cosas malas ni que eso sea deseable, pero esta perspectiva a veces ayuda a cambiar de rumbo y encontrar el camino correcto.

Las personas afortunadas no son más felices porque eviten el fracaso, sino porque lo enfrentan de otra manera. Si nuestra mente está llena de dudas, autocrítica y miedo, no hay espacio para la oportunidad. Pero si le hacemos lugar, la oportunidad toca la puerta. No por casualidad, sino porque estamos listos para ella.

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