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¿Por qué es tan difícil salir de una relación infeliz? - Responde un psicólogo

Szabó Erzsébet4 min de lectura
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¿Por qué es tan difícil salir de una relación infeliz? - Responde un psicólogo — Estilo de vida
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Cuando alguien sale de una relación que lleva tiempo estancada, el mundo exterior suele ver solo el momento de la decisión. Las preguntas “¿qué pasó?”, “¿cuál fue la gota que colmó el vaso?” se enfocan en ese instante.

Pero Mark Travers, psicólogo estadounidense, dice que la verdadera historia comienza mucho antes: en esos años en que la relación ya no nos aporta, pero seguimos manteniéndola. Cuando no somos felices, pero nos convencemos de que “esto todavía se aguanta”, “podría ser peor”, o simplemente emprender un camino totalmente desconocido parece demasiado arriesgado.

Travers destaca que no siempre nos quedamos en relaciones infelices porque no seamos lo suficientemente inteligentes o conscientes. Nos quedamos porque nuestro sistema nervioso, nuestra memoria emocional y nuestros miedos deciden mucho antes que nuestra mente racional.

Cuando la sensación familiar se disfraza de seguridad

Una de las fuerzas que más nos retienen es que el sistema nervioso no distingue entre saludable y no saludable, sino entre conocido y desconocido. Lo que nos recuerda a patrones emocionales tempranos, nuestro cuerpo a menudo lo percibe como seguridad, incluso si nuestra mente sabe que ese patrón es dañino y la relación es dolorosa.

Los patrones de apego se forman en la infancia y funcionan como un mapa interno en las relaciones adultas. Si de niños experimentamos que la cercanía era impredecible, de adultos la montaña rusa emocional de la pareja puede parecer un “amor apasionado”. Si la intimidad estuvo condicionada en la infancia, la distancia puede parecer normal y sentimos que siempre tenemos que esforzarnos por el amor. Así, aunque tomemos malas decisiones, elegimos lo que nuestro cuerpo y alma reconocen.

Por eso, una relación realmente equilibrada puede parecer al principio extraña, ajena o incluso aburrida. La calma y la seguridad no son sentimientos familiares para todos.

Mujer joven abrazando a su pareja y sosteniendo un ramo de flores

Cuando usamos una relación para sanar viejas heridas

Travers cree que muchos se quedan atrapados en relaciones insatisfechas porque intentan resolver una herida emocional antigua una y otra vez.

No es un autosabotaje consciente, sino un intento interno de reescribir el pasado.

Así como los sueños repetitivos pueden señalar traumas no resueltos, los patrones repetitivos en las relaciones muestran que algo aún no hemos integrado. Quien se sintió invisible de niño, de adulto se aferra más a una pareja que solo da señales de vez en cuando. El motor real es la esperanza de que “ahora será diferente”. En esos casos, la otra persona deja de ser un verdadero compañero y se convierte (sin quererlo) en un símbolo: un sustituto de una vieja herida. La verdadera sanación comienza cuando dejamos de querer arreglar la relación y empezamos a tomar en serio nuestros límites, nuestra historia y nuestra identidad.

Problemas en la relación

¿Por qué la infelicidad parece más segura?

Incluso las personas emocionalmente conscientes subestiman cuánto tememos a la incertidumbre. El cerebro prefiere lo conocido a nivel evolutivo, porque cambiar de rumbo requiere más energía, más trabajo emocional y, sobre todo, implica un riesgo mayor. Por eso, una relación infeliz suele parecer “una pérdida menor” frente a un futuro desconocido e impredecible que podría ser “quizá más feliz”.

En el fondo, hay preguntas silenciosas pero poderosas: ¿Y si no encuentro a nadie más? ¿Y si me arrepiento? ¿Qué haré si los hijos no me apoyan? No medimos el dolor presente, sino que tememos al futuro. Mientras la permanencia sea familiar o las circunstancias no sean insoportablemente dolorosas, la mente tiende a resistir.

Mark Travers dice que el punto de inflexión siempre ocurre dentro de uno mismo: cuando ves con claridad quién eres, qué necesitas y en qué no quieres seguir haciendo concesiones, la incertidumbre deja de ser una amenaza insuperable. Más bien se convierte en un camino donde, aunque no todo sea visible, puedes avanzar siendo más auténtico.

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